sábado, 6 de octubre de 2007

Newton y la Alquimia

Creer en la Alquimia



¿Qué es lo que irrita del espíritu new age? No que alguien crea en la influencia de los astros, porque mucha gente ha creído en ellos. Ni que se crea que Stonehenge es un prodigio de magia astral. Es cierto que en la época en que algunos ya habían inventado el reloj de sol no era tan increíble que otros orientasen las piedras en dirección a la salida y la puesta del sol, aunque siempre impresiona descubrir que miraban el sol mejor que nosotros. No, lo irritante del espíritu new age es el sincretismo. Y el sincretismo (en su estado puro) no consiste en creer en una cosa, sino en creer en todas las cosas, aunque sean contradictorias entre sí.

El riesgo del sincretismo está siempre al acecho, y acabo de encontrarlo en el Corriere della Sera del 23 de febrero, en dos artículos de Cesare Medail situados en la misma página. Obsérvese que, si se toman por separado, los dos artículos son correctos. Uno parte de un libro de Michael White, Newton, publicado por Rizzoli. El libro tiene mucho de sensacionalista, presenta como noticias inéditas cosas ya sabidas por los estudiosos, se equivoca al citar los títulos de libros famosos, hace creer que Cornelio Agrippa y Johannes Valentin Andreae escribían en inglés, da por buena la leyenda de que santo Tomás se dedicaba a la alquimia, pero en cambio explica de modo sugerente que el padre de la ciencia moderna, Newton, no solo tenía grandes intereses que hoy consideraríamos esotéricos, sino que llegó a sus grandes descubrimientos físico-matemáticos precisamente porque creía que el mundo estaba gobernado por fuerzas ocultas. Exacto.

En una columnita vecina, Medail habla del renovado interés por los antiguos libros de alquimia, y cita como ejemplo del retorno de estos temas algunos volúmenes de las Edizioni Mediterranee, que desde hace años publican libros que satisfacen la demanda de quienes todavía hoy creen en la alquimia. También publican libros de investigadores serios, pero el sincretismo funciona así: puestos en el mismo montón, los libros serios parecen confirmar lo que dicen los menos serios.

¿Cuál es la impresión de sincretismo que nace de la contigüidad de los dos artículos? Que si los ocultistas inspiraron la investigación científica de Newton es porque decían alguna cosa que nos puede interesar seriamente también hoy. Es un cruce de ideas capaz de seducir al lector ingenuo.

El descubrimiento de América estuvo inspirado en la convicción de que navegando hacia el oeste se llegaría a las Indias. Un buen descubrimiento hecho por razones equivocadas es un caso de serendipia. Pero que Colón llegase a América no es la prueba de que se pudiese “buscar” fácilmente el levante por la vía de poniente. Al contrario, el descubrimiento de Colón nos enseña que a las Indias se llega antes pasando por el otro lado. La exploración portuguesa de África fue promovida por la idea de que en Etiopía existía el fabuloso reino del poderosísimo preste Juan. Se creyó identificarlo con Abisinia, pero con ello averiguamos que el preste Juan no existía (y que el que se encontró en Abisinia era tan poco poderoso que se dejó conquistar más tarde por el mariscal Badoglio). Y lo mismo vale para el mito de la tierra austral. Impulsó a descubrir Australia, pero al mismo tiempo a convencer de que no existía una tierra que cubriera toda el casquete sur del planeta.

No siempre dos cosas pueden ser verdaderas a la vez. Gracias a los alquimistas, Newton nos demostró precisamente que los alquimistas no tenían razón, lo que no impide que sigan fascinándonos a Medail, a mí y a muchos otros. Pero también me fascinan Fantomas, Mickey Mouse y Mandrake, y sin embargo sé perfectamente que no existen.

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