viernes, 2 de noviembre de 2007

Entrevista al Filósofo Daniel Dennett

AUTOR DE 'ROMPIENDO EL CONJURO' Y 'LA LIBERTAD EVOLUCIONA', LLEVA TODA LA VIDA BUCEANDO EN LOS LABERINTOS DE LA CONCIENCIA. DARWIN ES LA DEBILIDAD DE ESTE FILOSOFO, ENORMEMENTE APASIONADO HASTA PARA EXPLICAR POR QUÉ LA GENTE CREE EN DIOS. AUNQUE ÉL NO CREA.

CARGO: Director del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (Boston)
EDAD: 64 años
FORMACION: Doctorado en Filosofía por la Universidad de Oxford
CREDO: La responsabilidad del hombre en el futuro del planeta
AFICIONES: La vela, la granja, la escultura y la música
SUEÑO: Llegar a entender la 'arquitectura de la Conciencia'

Daniel Dennett se mueve con esa elevación de los marineros en tierra, como oteando un horizonte no tan imaginario que en su caso llega más allá de la bahía de Boston. Su despacho está surcado por fotos de veleros, y no tiene más que abrir las ventanas para sentir la hinchazón del viento y dejarse transportar a las lejanas costas de Maine.

Estamos en el Centro de Estudios Cognitivos de Tufts, donde pasa sus horas lectivas este filósofo con ínfulas de navegante, granjero, músico y escultor, finalista del Pulitzer con La idea peligrosa de Darwin y defensor a ultranza de la teoría de la evolución frente al acoso secular de la religión. Dennett, 64 años, tiene también el porte de un sabio de otro siglo, con esa barba blanca que se mesa para abemolar su poderosa voz y masticar sus audaces razonamientos, que tarde o temprano desembocan en el río de la evolución. Con su último libro, Breaking the spell (Rompiendo el conjuro), se ha propuesto llegar donde nunca antes: cómo explicar a Dios con la inestimable ayuda del científico británico.

PREGUNTA.- ¿No es un provocación recurrir a Darwin para llegar a
Dios?

RESPUESTA.- Desde el primer momento tuve la sensación de que me estaba metiendo en territorio vedado, pero no he querido buscar la provocación... Lo que yo sugiero es que hay una manera natural de explicar el fenómeno religioso, sin ese halo de supernaturalidad con el que se reviste siempre. En pocas palabras, que la religión surge como producto de la evolución biológica y cultural de la especie humana, como aparece el lenguaje y la música. No creo que esto pueda resultar insultante. He intentado ser respetuoso y cortés con los creyentes, pero he procurado ser honesto y directo también...


¿Por qué no voy a poder escribir sobre la religión con el rigor con el que he intentado escribir sobre otros asuntos? ¿Por qué no se puede hablar de las Iglesias como se habla de los partidos políticos o de las corporaciones? Hay mucha gente interesada en mantener el conjuro, en preservar la religión en el terreno mítico y sagrado, y condenar cualquier aproximación filosófica o científica...

P.- Usted ha llegado a decir que, desde un punto de vista científico, la religión podría explicarse como se explica el cáncer. ¿No le parece una comparación hasta cierto punto ofensiva?

R.- Por esa analogía me he ganado unas cuantas críticas... Pero la suscribo y reitero: a veces, la religión se comporta como el cáncer; a veces, alcanza formas tóxicas que se propagan por las comunidades humanas y arruinan la vida de la gente. Por eso creo que la comparación con el cáncer es bastante atinada: no tenemos más que ver lo que ocurre con el fundamentalismo en nuestros días. Pero no quiero decir que siempre se comporte así: la religión puede también tener efectos beneficiosos... Lo que no admito es que me critiquen, como ha hecho el antropólogo David Sloan Wilson, alegando que para poder analizar un asunto tiene que gustarte apasionadamente. Yo me pregunto: ¿los investigadores del cáncer tienen que estar maravillados por los progresos y la capacidad de reproducción del cáncer? Yo he conocido a un par de ellos, y lo que tienen es un profundo respeto por su objeto de estudio. Lo mismo he procurado hacer yo. No soy una persona religiosa, pero me interesa la religión como objeto de estudio.

P.- Y díganos, ¿por qué tanta gente cree en Dios?

R.- La buena razón, la razón feliz diría yo, es que los hombres piensan que creyendo en Dios van a ser más buenos, que abrazando una religión va a ser más fácil apartarse del mal. La otra razón, más prosaica, es que hay gente que necesita encontrarle un sentido a la vida más allá de lo que hace, y la manera más fácil es uniéndose a una Iglesia: así formas parte de algo mayor que tú, de la mayor historia jamás contada...

P.- Usted se educó como protestante, ¿cómo y cuándo rompió con la religión?

R.- A los 17 años perdí toda mi convicción. Pero no fue un distanciamiento fulminante. Mi propia experiencia con la religión me hace sentir una mayor reverencia por mi objeto de estudio. Las ceremonias religiosas me han interesado siempre mucho y, por supuesto, la música que incluyen: mi mujer y yo llegamos a coleccionar música de Navidad de todo el mundo.

P.- ¿Y su interés por Darwin empezó a gestarse al mismo tiempo?

R.- Más o menos. Empezó cuando estaba interpretando un papel en una obra de teatro en la Universidad... Necesitaban alguien con una voz profunda para interpretar a un vendedor de Biblias que pudiera cantar y decir cosas muy reaccionarias, y condenar a Darwin... Digamos que fue mi introducción. Sentí curiosidad y quise saber más sobre él.

P.- Más de una vez le han llamado «fundamentalista darwiniano»...

R.- Lo que pasa es que no he encontrado a nadie con un argumento más convincente sobre la vida en el planeta. Es más, si tuviera que dar una medalla de oro a la idea más brillante de la Historia, se la daría a Darwin por su teoría de la evolución por selección natural, por delante de pensadores tan importantes como Einstein o Newton. Tal vez no es la idea más profunda o más compleja que se haya tenido, pero sí es la idea integradora, la que unifica el mundo del propósito con el mundo de la materia bruta, o al menos así lo veo yo... Gracias a Darwin es concebible pensar que la vida surgió a partir de cosas no vivientes, que la conciencia ha evolucionado a partir de seres no conscientes, que el mundo ético ha evolucionado a partir de un mundo en el que no existía la ética... La noción del bien y el mal no ha existido por los siglos de los siglos. Algunos pueden pensar que la moralidad es un regalo divino; yo creo que es un producto de la evolución.

P.- ¿Y la noción de Dios?

R.- La idea de Dios aparece por ese atributo humano de querer encontrar un agente o una causa detrás de todo lo que se mueve. Las religiones surgen para explicar todo lo que de otro modo no se podría explicar, y de paso sirven también para reconfortarnos frente al sufrimiento y el miedo a la muerte, y para dar cohesión y unidad a los grupos. Y las religiones también evolucionan: del estado primitivo, como parte de la cultura folclórica de los pueblos, a las instituciones que todos conocemos. La religión tiene una explicación evolucionista. Darwin sirve para explicar casi todo en esta vida, incluida la noción de Dios. Yo me suelo referir al darwinismo como el ácido universal que atraviesa todos los aspectos de la ciencia, de la cultura, del pensamiento humano y, por qué no, de la religión.

P.- ¿Condenamos, pues, a la hoguera las teorías del creacionismo y del diseño inteligente?

R.- Las ponemos en su sitio y las denunciamos como lo que son: un fraude. Decenas de pensadores y científicos hemos contribuido a ello en este libro que tengo sobre la mesa, El Pensamiento Inteligente. Mi ensayo se titula El engaño del diseño inteligente y cómo se ha perpetrado. Estamos obligados a denunciar lo que no es ciencia y pretenden vendernos como tal. Michael Behe, el autor de La caja negra de Darwin, debe saber toda la evidencia que está suprimiendo, ocultando y manipulando cuando habla de la «complejidad irreducible»
y alimenta la especulación de que hay una mano inteligente diseñando la vida... El auténtico diseño es el de la propia Iglesia para protegerse a sí misma. Ahí está el libro La vida con propósito, de Rick Warren, que lleva vendidos más de 30 millones de ejemplares. Warren es un tipo muy brillante, pero su libro está lleno de falsedades: asume la verdad literal del Génesis y viene a decir, más
o menos, que antes del diluvio universal no llovía, que Dios «irrigaba» la Tierra...

P.- Más de 120 millones de americanos creen a pies juntillas que Dios creó a Adán del barro hace más o menos 10.000 años...

R.- La gente es libre de creer en lo que quiera, el problema es cuando esas creencias se convierten en dogma. Me preocupa el papel dominante que en los últimos años ha tenido la religión, y me pregunto si Estados Unidos está avanzando hacia una teocracia. En este país, si no crees, corres el riesgo de que te señalen con el dedo. Mi amigo Richard Dawkins se ha inventado un término, bright, que él propone como alternativa a ateo o agnóstico. De la misma manera que los homosexuales se apropiaron del término gay (alegre), nosotros reivindicamos bright para la gente que no cree en lo sobrenatural. La verdad es que hoy en día, en Estados Unidos, decir que no crees en Dios es casi como salir del armario. Tras la publicación de Rompiendo el conjuro, mucha gente me ha dado las gracias por ayudarle a superar ese miedo a exponer en público su no creencia.

P.- ¿Cómo se explica ese bache entre la América ultrarreligiosa y la
Europa secular?

R.- Me pregunto si el bache religioso seguirá durante mucho más tiempo o si las distancias se acortarán: tal vez en el Viejo Continente asistiremos pronto a una resurrección del fundamentalismo religioso, no lo sé. Otra explicación que se me ocurre es que mientras Europa estuvo durante siglos bajo el yugo de la religión de Estado, aquí ha funcionado el libre mercado, y la gente es más proclive a comprar y a vender la religión como un producto más.

P.- ¿Qué cree usted que pensaría Darwin si resucitara y viera la que se sigue montando a su costa?

R.- Yo creo que Darwin se sentiría vindicado gracias a los avances de la ciencia y se quedaría atónito si viera lo que ocurre en el proceso replicante del ADN. El escenario que él describió con tanta paciencia y detalle en El origen de las especies, con plantas y animales, es igualmente válido a nivel microscópico e incluso a nivel genético, como explica inmejorablemente Dawkins en El gen egoísta. Incluso el proceso de aprendizaje en el cerebro funciona de manera muy parecida al de la selección natural: hay una competición entre circuitos y neuronas para desempeñar ciertas funciones, y aquellos que son reforzados prosperan y prevalecen; los demás decaen...

P.- ¿Cuánto nos llevará aceptar la «peligrosa idea»?

R.- Las verdades científicas suelen quedarse un tiempo en periodo de prueba, hasta que la evidencia y las aplicaciones son tales que ya no pueden suprimirse y sólo cabe aceptarlas. Hubo un tiempo en que la gente pensaba que si las ideas de Copérnico se divulgaban, supondría el final de la civilización. Hoy en día, un niño de cinco años aprende en el colegio que es la Tierra la que da vueltas alrededor del sol y no tiene pesadillas por las noches. Algo así pasará con la teoría de la evolución dentro de unos años, ignoro cuántos.

P.- «La libertad es un regalo de Dios a la humanidad», son palabras de George W. Bush. ¿Y usted qué piensa?

R.- Es fácil darle la razón... sólo con cambiar la palabra Dios por lo que quiera que creó la humanidad, posiblemente la evolución. Yo pienso que la libertad evoluciona, como titulé uno de mis libros. Pero la libertad no es un milagro que viene directamente de Dios, es algo que viene de otro lugar y a nuestros ancestros me remito: la libertad de la bacteria para moverse por el mundo acuático, la del anfibio para salir del agua y caminar en la tierra, la del pájaro para volar... Libre como un pájaro. Pero el pájaro tiene una mente limitada y eso condiciona su libertad: no puede pensar en el futuro como nosotros.

P.- ¿Cuál es el futuro de la libertad?

R.- Lo que evoluciona puede también extinguirse... No es una cuestión meramente física o biológica; la libertad es un fenómeno social que ha evolucionado y seguirá transformándose de maneras inimaginables, pero puede también disolverse. Si abandonamos los principios y las prácticas que sostienen la libertad, podría desaparecer, como desaparecen las especies.

P.- ¿Cuál es su sueño incumplido?

R.- Me gustaría llegar a entender la arquitectura de la conciencia; he intentado llegar hasta ahí en algún libro (La conciencia explicada), pero tengo la sensación de haberme quedado siempre a las puertas. También me gustaría ver a mi nieto jugando el Mundial de fúbol. Ése es un sueño menos loco.

«DESDE SIEMPRE, ME ENCANTA ENTRAR EN LAS IGLESIAS... A ESCUCHAR MÚSICA»

P.- La navegación a vela, la granja, la escultura, la música... Da la impresión de que no tiene usted bastante con ser filósofo y escribir libros.

R.- Digamos que el homo habilis que hay en mí me lleva a hacer cosas prácticas y útiles para compensar tanta abstracción. Antes me consideraba marinero, granjero y escultor. Pero ahora, cuando no estoy escribiendo o en la Universidad, me paso la mayor parte del tiempo arreglando cosas. Siempre me ha atraído mucho la ingeniería.

¿Cuando sintió la llamada del mar?

- Aquí, en Nueva Inglaterra, forma parte de nuestra cultura. La vela me fascina desde edad muy temprana. Ahora tengo un bote de 22 años, un Beneteau de 42 pies de eslora, relativamente pequeño y barato teniendo en cuenta que los Beneteau son algo así como los Chevrolet de la navegación. Lo pongo todos los veranos en remojo en Maine. Aunque he navegado por muchas otras costas del mundo, en países como Alaska, Groenlandia, Tahití, Grecia...
También ha surcado el Mediterráneo en Barcelona...

- Bueno, me invitaron al Fórum de las Culturas en 2004. Se ve que a Joan Clos le gustó La idea peligrosa de Darwin: él fue el artífice de la traducción del libro y una de las personas que más ha hecho por divulgar mi obra en España.

Volvamos a Maine: ¿aún sigue trabajando en su granja?

- Me dedico a ella en cuanto acaba el curso en la Universidad. Tenemos sobre todo manzanas y arándanos. Lo que hacemos va más allá de la sidra: más seco, con el 10% de alcohol... Auténtico champán de manzana.

¿Y qué me dice de su otra gran afición, la escultura?

- Antes me dedicaba más en serio. Ahora lo tengo como pasatiempo, como este pisapapeles que ve usted aquí: es una pequeña lectora tumbada, que se queda leyendo el libro que tienes entre manos si le dejas la página abierta. O este imperdible gigante que tengo por acá...

¿Sigue cantando?

- Tuve que dejar el New England Classical Singers por falta de tiempo, pero sigo tocando el piano y cantando como aficionado. Y, desde siempre, me encanta entrar en las iglesias... a escuchar música. Con mi mujer solía ir mucho a la iglesia Emmanuel, en el centro de Boston, donde dan unos espléndidos conciertos gratuitos. No hay un lugar mejor donde escuchar la música de Bach que en una iglesia.

LA CUESTION

- ¿Qué lugar ocupa Dios en su credo particular?

- Puestos a creer, creo que los hombres y todos los seres vivos estamos aquí, en un pequeño planeta, en el sistema solar, en una galaxia, en medio del tiempo... Es increíblemente maravilloso que estemos en la Tierra, y estaría muy bien que existiera alguien a quien poder dar la gracias por todo esto.
Pero no existe... Algunos consideran la vida como el milagro de un creador: yo pienso que todo lo que somos es el producto asombroso de la evolución. Como creo que no hay nadie a quien poder agradecérselo, la única manera de expresar nuestra gratitud es dejar el planeta en las mejores condiciones posibles a la gente que viene detrás de nosotros, eso que llaman las siguientes generaciones.

El evangelio según Benedicto XVI

Si tuviera que referirme al principal evento que se ha producido en el ámbito occidental en lo que va de año, descartaría hechos bélicos, políticos o de índole social. Tengo presente las condiciones que configuran la auténtica noticia: novedad, naturaleza sorprendente del asunto, relevancia, significación, impacto. Todos estos rasgos se dan en algo que puede pasar desapercibido, por mucho que se haya hablado de ello una y otra vez. Me refiero a la aparición, en las librerías, de un libro del pontífice romano, Benedicto XVI, sobre Jesús de Nazaret (en español, en traducción de Carmen Bas Alvarez).

La prueba de fuego de todo gran teólogo consiste en afrontar el difícil reto de aproximarse a la figura del inspirador de la religión cristiana. Muchas veces esa aventura constituye el testamento teológico del autor. También sucede esto en el caso del actual Papa. Su condición pontifical añade un importante realce a la noticia. El propio Benedicto avisa de que su obra es susceptible de diálogo y de controversia. No habla en ella desde el magisterio eclesiástico que le inviste. Pero en la lectura no es posible olvidarse de su condición pontifical. Eso da al libro un carácter sencillamente insólito. El lector una y otra vez se ve asaltado por la doble naturaleza del teólogo que la escribe y del Pontífice que permite su publicación.

Sucede con Jesucristo algo semejante a lo que ocurre con Sócrates. Es cierto que éste se halla presente en los diálogos platónicos que lo sitúan como principal personaje. Sócrates, que Platón adoptó como gran protagonista de sus magistrales piezas filosófico-literarias, aparece también en Jenofonte en un texto bastante opaco que -quizás por su misma falta de luminosidad- fue entendido en el pasado como más fidedigno, como fuente histórica (como si la naturaleza obtusa de un documento fuese prueba de historicidad). Es sabido que Sócrates inspiró también movimientos muy diferentes de las ideas que se reflejan en los diálogos de Platón: las llamadas escuelas menores socráticas (cirenaicos, megáricos, etcétera).

Dentro de los diálogos platónicos suelen ser los primeros, los diálogos socráticos, los que en una primera impresión parecen acercarse más a la historicidad específica de Sócrates.


Durante mucho tiempo se tendió, en cambio, a desdeñar en nombre de la crítica histórica la versión, muy elaborada literariamente, y desde luego modificada por las propias doctrinas platónicas, que se descubre en los grandes diálogos del discípulo, Protágoras, Gorgias, Fedón, Banquete, Fedro, República, Filebo. Pero al final suele aceptarse también el testimonio platónico como especialmente fidedigno. Reconozco que la comparación puede resultar poco pertinente. Pero pienso que, en cierto sentido, nos permite disipar malos entendidos.
La figura de Jesús de Nazaret dio lugar a un número muy amplio de movimientos religiosos minoritarios. Generalmente se trata de tradiciones que terminan culminando en colecciones de hechos y de dichos. Según la naturaleza de la comunidad, la selección opera de modo diferenciado, destacándose el énfasis específico que se quiere resaltar. Disponemos de las Pseudos-Clementinas (cuyo componente judeocristiano puede perseguirse hasta el Corán islámico), o del Evangelio de los ebionitas, o de las múltiples familias gnósticas. Hay evangelios de Pedro, de Tomás, de Felipe, de María Magdalena; hasta de Poncio Pilatos. Ese amplio caudal literario suele encuadrarse en el epígrafe de Evangelios Apócrifos: unos, relativos a la doctrina, otros, a la vida (infancia, descenso al infierno tras la muerte, resurrección y ascensión, vida y muerte de María). Se dispone de un material muy extenso que contrasta con la enigmática nebulosa de la presencia histórica de Jesús de Nazaret, de quien apenas hay otro testimonio exterior que el del historiador judío Flavio Josefo.

Por esa razón la figura de Jesús de Nazaret se presta como nadie a la floración de una suerte de crítica histórica que persiga su rastro con espíritu detectivesco. Lo que termina hallándose es, demasiadas veces, documento de los principios doctrinales del que lleva a cabo la encuesta. De ahí la decepción que suelen producir libros en los que se advierte siempre la voluntad nada imparcial del intérprete. Hay también recreaciones novelísticas meritorias (pero que tampoco sirven de verdadero acercamiento al nervio vital del personaje).

Quienes durante los primeros siglos establecieron el canon de los textos de la Iglesia no se equivocaron. Sucede en algún sentido como con Sócrates. Este se halla regiamente instalado en los grandes diálogos platónicos. Y al final la misma crítica histórica -que es o debería ser siempre crítica filológica- los acepta como la mejor versión de esa figura. Frente a tanta suspicacia prevalece al fin la sensatez: el Sócrates del Fedón y de El Banquete es, quizás, el que mejor nos permite aproximarnos a ese enigmático personaje.

Con Jesús de Nazaret sucede algo análogo. El mejor modo de conocerlo, reconocerlo y estimarlo consiste en acudir a esa magnífica selección que son los Evangelios canónicos, cuatro relatos enteros y verdaderos, donde doctrinas y eventos se hilvanan con auténtica maestría. La figura de Jesús aparece, además, sesgada a través de cuatro perspectivas que se complementan, pero que acusan máximo contraste. El teólogo que mejor se acerca a Jesús es el que asume la crítica histórica (y los conocimientos de que se dispone respecto al contexto histórico), y que pone todo ello al servicio de una rigurosa exégesis del texto evangélico en sus cuatro versiones.

Si se quiere conocer de verdad a Jesús, léanse las magníficas monografías de teólogos protestantes y católicos que se acercan al personaje a través de esos relatos de los cuatro Evangelios. Pienso en Joachim Jeremías, en Ulrich Luz, en C. H. Dodd, en Romano Guardini, en Schnackenburg. Me salen bastantes nombres protestantes, pues la teología protestante ha sido en muchas circunstancias pionera. Son además (algunos de ellos al menos) los que cita el propio Pontífice.
En este sentido, el libro del Papa Benedicto me parece clarividente en la metodología adoptada. No voy a entrar en la valoración de los presupuestos teológicos del Pontífice. Pero la premisa desde la cual se acerca a la figura, la elección de los textos evangélicos como materia principal y la necesidad de subordinar la crítica histórica a la exégesis de éstos me parecen el mejor modo de aproximarse a la realidad y a la significación del personaje.

Se destaca, en las mejores páginas del libro, el Evangelio de Juan como el que, quizás, nos conduce a ese diálogo paterno-filial a través del cual se esclarece la figura de Jesús. Resalta en él su naturaleza divina a la vez que humana. Con el Evangelio de Juan ocurre lo mismo que con la versión platónica de Sócrates. Está lleno de doctrina teológica y de figuras simbólicas. Es sorprendente y original. Marca distancia con los otros tres pero sin contradecirlos. Y atestigua la procedencia de fuentes que no se hallan recogidas en los sinópticos, y que desde el punto de vista de la crítica histórica terminan despertando curiosidad e interés.

Hubo un tiempo en que se creyó que esa sobrecarga teológico-simbólica era prueba suficiente de su escasa historicidad. Como si los documentos fuesen siempre más fidedignos si poseían un carácter menos elaborado por la inteligencia, o fuesen tanto más históricos cuanto más obtusos. El Evangelio de Juan establece, como se sabe, un contraste grande con los otros tres: con la sobriedad trágica de Mateo, con el estilo personalísimo de Lucas, con la vivacidad de Marcos.

La figura de Jesús, a través de las páginas de este Pontífice teólogo, aparece realzada por el encuadre exegético y teológico. A contraluz van desgranándose aquí y allá las principales controversias de ese fecundo siglo XX tan pródigo en avances teológicos.

Esa teología, en Alemania, puede gozarse en las aulas universitarias, confiriendo a éstas un relieve que redunda en todas las materias de enseñanza. Esa misma teología en nuestro país vive, con demasiada frecuencia, en un coto cerrado eclesiástico, de lo que se resiente la formación universitaria, que suele ser analfabeta en asuntos teológicos.

En Alemania es frecuente que muchas personas de las más diversas carreras posean, como optativa Nebenfach -o carrera complementaria- teología. Sucede con filólogos, filósofos, economistas, astrofísicos, sociólogos… Muchos de ellos no son creyentes, pero saben que la formación teológica es indispensable para adquirir auténtica solvencia intelectual.

En nuestro país no se siente ni siquiera la necesidad de esa formación. Se ha transitado con máximo desparpajo de un romo nacional-catolicismo a un generalizado agnosticismo descerebrado. En lugar de una seria confrontación crítica con la teología abunda el más convencional de los tópicos agnósticos o ateos. No se tiene ni siquiera conciencia de la extraordinaria carencia que constituye la ignorancia de esas importantes controversias exegéticas y teológicas.

A este excelente libro de Benedicto el Pontífice se le pide a veces lo que por fortuna no da: un acercamiento a un Jesús histórico-mundano, cuando no novelesco, que permita aproximarnos a lo único que al parecer a algunos despierta interés en su figura: su doctrina moral, social o política. Con ser sublime su concepción ética, ésta se halla en Jesús de Nazaret subordinada al que constituye el verdadero núcleo de su mensaje religioso -de salvación-.

La reducción a figura puramente ética -cuando no política- del personaje es, entonces, la gran coartada. Pero la relevancia de la figura, cuyo papel en la propia gestación del cristianismo se ha discutido (R. Bulltmann), trasciende toda ética y política, o toda doctrina social. Hace referencia a aquello por lo que adquiere verdadero relieve histórico. Su notoriedad es, ante todo, religiosa.

La religión, como supo expresar en su estilo desgarrado Kierkegaard, debe nítidamente distinguirse de la ética, de la estética y, desde luego, de la teoría política. Exige un salto. O una reformulación de la razón (en términos de razón fronteriza). Acertaba Kierkegaard en saber que lo más fecundo de la figura de Jesús de Nazaret se halla en su carácter paradójico: en ser divino y humano.

La paradoja y la ironía se subrayan en los Evangelios, sobre todo en Juan. Hay en ellos, además de la ironía trágica de los dramaturgos griegos y de la ironía romántica que el propio Kierkegaard asume, la gran ironía juánica. Todo el texto del evangelio de Juan se halla bañado de ironía y paradoja. Por eso es, dentro de ese extraordinario cuarteto de voces diferenciadas que son los cuatro Evangelios, el primer violín. Quizás por eso es, también, el que aparece en primer plano en este evangelio según Benedicto XVI.

Los Templarios

El 13 de octubre de 1307 Jaques de Molay, último Gran Maestre de la Orden de los Templarios, fue arrestado junto con otros miembros de la hermandad por disposición de Felipe IV "El Hermoso", rey de Francia, con el silencioso apoyo del Papa Clemente V.
La persecución había comenzado a principios de ese año cuando el monarca acusándolos de herejía, ordenó la captura de todos los miembros de la Orden que se encontraran en territorio francés.
En verdad, la historia comenzó mucho tiempo antes. El Temple fue fundado en el año 1118 cuando Hugo de Payen, André de Montbard y otros siete caballeros ofrecieron a Balduino, entonces rey de Jerusalén, organizarse y velar por la seguridad de los peregrinos a Tierra Santa. Con el transcurso del tiempo la Orden del Temple (nombre fruto de que su primer asentamiento fueron las caballerizas del Primer Templo erigido por el rey Salomón) se enriqueció merced a donaciones, a los magníficos negocios mercantiles y financieros (baste decir que fueron los inventores de las "letras de cambio") y al botín obtenido en Tierra Santa otorgado a ella mediante las bulas papales Omne Datum Optimum (1139), Milites Templi (1144) y Militia Dei (1145). Los Templarios fueron prestamistas de nobles y reyes, y financiaron la construcción de numerosas catedrales en el país galo. Además colaboraron en las cruzadas con dinero y efectivos militares.
Este poderío, junto al hermetismo del grupo, comenzó a generar el recelo de la gente, especialmente de aquellos que debían grandes sumas de dinero a la Orden. Este fue el motivo principal por el cual Felipe IV decidió poner fin a la existencia de los Templarios, quien se encontraba fuertemente endeudado con ellos. La excusa que el rey francés arguyó para justificar la persecución fue la de herejía y sacrilegio. Todo basándose en habladurías y supuestas confesiones de integrantes que habían sido expulsados de la Orden. La realidad es que jamás se pudo comprobar nada de lo que se les imputó, ni hallar imagen alguna de ídolos o fetiches.
Cuando se llevó a cabo el arresto de los Templarios y de su último Gran Maestre el 13 de octubre de 1307, apoyados por el pontífice Clemente V mediante la bula Pastoralis Proeminentiae, los miembros de la Orden y su presunta autoridad máxima no ofrecieron resistencia y se entregaron mansamente a los designios del rey. Tanta mansedumbre despertó el asombro de los captores y, a con el paso del tiempo fue interpretada de muy diversas maneras.
Un aspecto muy importante de la Orden del Temple permitirá comprender esta cuestión de la falta de resistencia frente a la detención. La hermandad estaba constituida por tres ramas: la militar, la de los monjes y la de los maestros secretos. El verdadero Gran Maestre nunca fue conocido por los profanos y ni siquiera por la mayoría de los miembros de la Orden. Esto no debe sorprender, puesto que es usual en todas las instituciones secretas, esotéricas e iniciáticas que exista un alto mando que permanece fuera del conocimiento de quienes no alcanzan las mayores jerarquías. Jaques de Molay (cabeza visible y pública de la Orden pero no la verdadera) que era un hombre analfabeto, así como el resto de los hombres que, en apariencia, se dejaron capturar sumisamente por los soldados del rey Felipe, estaba cumpliendo la misión más delicada e importante de toda su vida. De ellos dependía que el Temple salvara sus preciosos misterios y que las jerarquías ocultas embarcaran, sin que fueran perseguidas, en el puerto que mantenían fortificado en La Rochelle, (situado en las aguas atlánticas de las costas francesas) para alejarse definitivamente de Europa y del Medio Oriente hacia unas tierras denominadas Armórica (el lugar de la armonía), designación dada a América por aquellos que llegaron mucho antes de que lo hiciera Cristóbal Colón, y así salvaguardar también sus riquezas. Por esta razón es que Molay se entregó obedientemente a sus captores.
¿Acaso halló el monarca la inmensa fortuna Templaria? La respuesta es no. Sólo pudo apropiarse de las fincas y propiedades que en nada se comparan con lo que esperaba hallar. Lo de valioso había sido salvaguardado. El gran poder de la Orden incluía un "servicio secreto" que fácilmente pudo enterarse con anticipación de los planes de Felipe IV. Antes de morir en la hoguera, Jacques de Molay afirmó: "Dios conoce que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad".
Casualidad o no, lo cierto es que en menos de un año fallecieron Felipe IV y Clemente V, tal como lo profetizara el Gran Maestre. El Papa falleció a los 37 días, en medio de fuertes e insoportables dolores. Sus médicos anunciaron que había muerto "merced a unos horribles sufrimientos". Felipe murió el 29 de noviembre al chocar con la rama de un árbol mientras montaba a caballo por el bosque de Fontainebleau. El golpe fue tan grave que el monarca pereció de una parálisis general, con grandes padecimientos hasta que llegó el deceso.
Publican "Processus contra Templarios" Las actas del proceso que condenaron a los templarios no desaparecieron, estuvieron extraviados por más de tres siglos. El Vaticano ahora las volverá públicas en la obra Processus contra Templarios, una edición rigurosamente limitada a 799 ejemplares. La publicación se realizará el 25 de octubre en la "Sala vieja del sínodo". La obra se basa en el pergamino de Chinon y contiene los actos del juicio inquisitorio que destruyó la orden de caballería de los monjes guerreros, fundada en el año 1118. El pergamino, que se creía perdido, lo encontró en 2001 Barbara Frale, una joven investigadora italiana que revisaba uno de los miles de estantes de la Biblioteca y Archivos secretos del Vaticano. El Archivo secreto del Vaticano definió la edición -que reproduce fielmente los originales conservados- como una obra "monumental", y la iniciativa forma parte de la colección "Exemplaria Praetiosa", que realiza publicaciones con reproducciones exactas y todo lujo de detalles, desde el uso del pergamino a los sellos dorados.
AcusacionesLa historia registra que el gran maestro de los templarios, Jacques de Molay, un 18 de marzo de 1314, subiendo a la hoguera, no solo maldijo por lo que se hizo para cerrar la Orden al rey francés Felipe el Hermoso y al papa Clemente V, según diversas leyendas, Molay habría maldecido a la casa real francesa "hasta la treceava generación", justamente la de Luis XVI, muerto en la guillotina durante la Revolución Francesa. Entre las acusaciones que se lanzaron contra la orden del Temple estaban la de contar con ritos iniciáticos que anteponían la Orden a la iglesia Romana, de practicar la sodomía, de haber cedido ante el Islam y la herejía de los Cátaros, de haberse erigido en custodios del Grial (cáliz de la última cena) y de querer para Europa un reino teocrático, con poder espiritual y temporal en un mismo monarca, todo ello sin presentar prueba alguna. Sobre los templarios se ha escrito mucho y existen diversas crónicas.Y si bien los actos judiciales que se difundirán el 25 de octubre podrán traer a la luz, después de siete siglos, aspectos desconocidos de la enigmática historia, el anuncio de la publicación ya hizo noticia, atrayendo la curiosidad de historiadores, místicos, ocultistas, esotéricos, curiosos y de los interesados en adquirir uno de los exclusivos 799 libros del Vaticano.

sábado, 20 de octubre de 2007

Ideario de Gobierno

El Ideal de Gobierno

Por: Arturo Zuloaga

“Cuando los magistrados son insolentes, codiciosos y conspiran unos contra otros, también conspiran contra la Constitución de la que deriva su poder logrando sus ganancias, o bien, a expensas de individuos en particular o del público en general”.

De los poetas griegos de la antigüedad nos viene la tensión clásica entre destino y libertad, que mediante el razonamiento y la experimentación nos lleva a intentar plasmar una y otra vez utopías científicas y construcciones filosóficas de la civilización y nuevas síntesis y culminaciones de la historia (philosophia perennis). Pero “no existe ciencia natural aluna de la política ni tampoco una ciencia natural de la ética con categorías formales y prácticas”. Los mayores triunfos de la filosofía se presentan de dos maneras: cuando alguien reformula las interrogantes a la luz de una visión del mundo o ideología novedosas (weltbild, weltanschaung) y cuando alguien descubre que ciertas soluciones dogmáticas generalmente aceptadas destruyen violentamente la síntesis anterior y nos enfrentan a una nueva idea o concepción por lo general tentativo.

Así, las nuevas ideas y términos más que resolver los problemas anteriores nos permiten observarlos a distancia, como confusiones de una época superada. Esa es la razón por la que la misión del intelectual hincado en su realidad histórica es “destruir las imaginaciones de las ortodoxias” mediante sistemas de análisis que no puede juzgar según su utilidad actual. En otras palabras, analizar la cuestión de la corrupción es reflexionar en torno a la tensión sobre el poder político e integridad individual, que siempre existió, que siempre existirá y que precariamente tratamos de resolver, como nuestros mayores, conforme al marco social, jurídico, político y económico que nos toca vivir. Es decir, ni especulando en el vacío teórico, ni dominados por un pragmatismo de derecho positivo.

La Democracia Unitaria

Hay por lo menos tres visiones tradicionales que reclaman la interpretación autentica de la virtud ciudadana: la de la elite dorada, frente a la masa corruptible (Rivadavia y Gladstone, En el siglo XIX); la de la voluntad general alerta frente a la elite timocrática corruptible (Rousseau y sus seguidores, en la segunda mitad del siglo XVIII), y la de la democracia participativa, que reduce y objetiviza las aspiraciones de virtud de los ciudadanos con miras a promover la libertad, la igualdad de oportunidades y el progreso material.- En el siglo americano, el sueño americano-
Pero es esta última, la que provéeme la pugna abierta – pero minuciosamente organizada- de los intereses individuales para así lograr el equilibrio del orden social, la que constantemente reclama nuestra atención razonada. Tanto que esa concepción de la democracia moderna, simbolizada por el sufragio universal, la igualdad ante la ley y de oportunidades, la representación política y la confrontación parcialmente ordenada de los intereses, pareciera ser la única existente. Pero no es así. Existe otra idea más antigua de democracia y acaso más poderosa, la del democracia unitaria, cuyos usos, formulaciones y procedimientos utilizan comúnmente los gabinetes ministeriales, las comisiones legislativas, los tribunales colegiados y los consejos de dirección empresarial. La tradición consorciacional del parlamentarismo europeo la recoge mucho más que del colonial español, que nos rigió desde la colonización en el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XIX.

La democracia unitaria busca la igualdad cualitativa, el consenso y el contacto directo entre los miembros y es la que mejor responde al modelo aristotélico de polis como amistad. En ella no se vota n se polemiza, ni se busca la confrontación; por el contrario, lo que no puede ser acordado se retira e la consideración y se avanza en los demás. Los participantes e sienten y se tratan como iguales y todo su accionar y objetivos tiende a fortalecer el vinculo de entendimiento y cooperación. Cuando los conflictos afloran, como cuando los clubes deportivos quiebran económicamente (Colo-Colo, Universidad de de Chile) o el resultado de sus equipos decae mucho o sus mejores jugadores con tentados desde el exterior, automáticamente se apela a la lealtad, a la memoria de glorias pasadas y el sentimiento de pertenencia.

Atenas fue la primera ciudad griega en instaurar la democracia adversaria (voto universal y simple gobierno de la mayoría) pero, seguramente siguió utilizando procedimientos de consensos para las decisiones mayores. El modelo de la democracia adversaria se difundió a partir del siglo XVII, especialmente con la aceptación creciente de la concepción política como administración permanente del conflicto –vislumbrada por los presocráticos en el siglo V D.C. y desarrollada por Maquiavelo y sistematizada por Bodin en el siglo XVI y universalizada por Hobbes en el siglo XVII-, que acompañó el desarrollo incontenible del capitalismo industrial en su etapa incipiente.

Ahora bien. La sabiduría interpreta que, así como por consideraciones prácticas la democracia representativa superó a la directa, también la democracia unitaria sería una falla de tiempos pretéritos, demasiado elemental para las relaciones contemporáneas basadas en la conveniencia y la ventilación abierta de los conflictos. Sin embargo, las lealtades siguen jugando un papel esencial en la acción política de todos los días y, por ello, el análisis científico debería incorporarlas como elemento necesario. No hay nada de nuevo en esto, ya que sabemos que, si bien la lealtad absoluta nos priva de juicio critico, la imparcialidad absoluta nos vacía de imparcialidad, ¿Qué caso no!

El análisis de nuestros problemas materiales y espirituales está dominado en la actualidad por el método económico, que da por sentado que nuestras apetencias son egoístas e ilimitadas. Los factores de la producción tradicionales ahora se denominan capital físico (los recursos naturales), financiero (el dinero y el crédito) y humano (agregando también a la tecnología y a la organización. Paro hay un capital que parece ser todavía más escaso e importante para el crecimiento social y económico: el capital social, esa compleja red de confianza mutua y lazos de reciprocidad propios de las comunidades solidarias. Que el cálculo económico usualmente no lo registre, por su intangibilidad extrema, no quiere decir que no exista o que no tenga incidencia económica. Es más probable que el espectacular crecimiento económico de la naciones del Asia Pacifico (APEC) de las últimas cuatro décadas se pueda explicar, por lo menos parcialmente, por la acumulación de capital social, por la preeminencia de la familia –extendida-, por la ausencia de litigiosidad en las relaciones de negocios, por el compromiso con la educación. Claro que hay capital social bueno y capital social malo, según que lealtades se vean favorecidas. Por ejemplo, la siniestra trama clandestina de la mafia, un invento chino tan persistente como los fuegos artificiales, pueden servir al crecimiento económico y la paz social sí, pero a costa de enmudecer las ciencias y reprimir la innovación. Como en Chile.

En esta época de crisis de legitimidad inmoderada de los gobernantes, es necesario reconocer la relevancia de los vínculos de solidaridad y reciprocidad y de su importancia para humanizar las relaciones políticas. No todo lazo de lealtad importa corrupción ni la confrontación de intereses es la única manera de llegar al equilibrio social y conocer la verdad.

domingo, 14 de octubre de 2007

La Etica en Nuestro Medio

Ética Gubernamental y de la Oposición Política

Por: Arturo Zuloaga
Constituye una verdad de perogrullo afirmar la necesidad de la existencia de una ética de los gobernantes, así como del gobierno, entendido como totalidad y con funciones por encima de la sociedad. A quines por designación popular se les faculta para realizar el difícil trabajo de controlar las actividades sociales de una nación, de manera de reducir las contradicciones producto de los diferentes intereses en juego y poder entonces garantizar el desarrollo, debe necesariamente exigírseles una conducta ética permanente regida por reglas estrictas, que deben ser, además, aceptadas voluntariamente, sin imposiciones, sin la aparición de contradicciones entre sus mandatos y los deseos e intereses cotidianos. Estas reglas deben funcionar automáticamente sin que sus aplicación llegue a constituir un estorbo o limitación en la actividad diaria del gobernante o del gobierno. Decir otro tanto para la oposición política pudiera no parecer tan evidente ni tan claro, y ése es uno de los principales males que aquejan hoy la gobernabilidad y tranquilidad de nuestro país; pensar que se le puede hacer exigencias al gobierno pero no a la oposición. Pero de hecho, y esa esperanza es lo que la mantiene, la oposición hoy puede ser el gobierno de mañana, sin importar cuan lejos este es “mañana”. Quienes participan de la lucha política lo hacen en función de la conquista del poder. Luego, pueden ser poder algún día y en ese momento no desplegarán conductas éticas distintas a las extendidas durante todo el tiempo que actuaron como oposición.

No existe deferencia entre los comportamientos éticos que se manifiesten mientras se es oposición y los que se asuman luego de ganar el gobierno. Por ello, exigirle un comportamiento ético a la oposición y otro al gobierno se cree que es una tesis absurda. Las mismas exigencias éticas efectuadas al gobierno deben ser igualmente exigidas a la oposición política.

Uno de los elementos éticos fundamentales en el ejercicio de la función de gobierno, del cual nuestro país se ha visto privado casi desde su reconstitución democrática, radica en el manejo pulcro y eficiente de los escasos recursos materiales y humanos de que dispone, para atender y satisfacer las necesidades infinitas de una población en su mayoría carente absolutamente de todo. Contra este manejo honesto de la cosa pública conspiran una serie de situaciones y condiciones producto del subdesarrollo de nuestro país, que deriva en la aparición de graves contradicciones internas, sin que esto signifique que la corrupción gubernamental sea un problema exclusivo de los países atrasados.

La corrupción, por otra parte, también está presente en la oposición política y de ese irrefutable hecho se derivan las restricciones legales existentes, en la mayoría de los países, en el uso y probidad de las donaciones que financien las actividades de partidos y otras organizaciones. Con estas regulaciones los estados tratan de protegerse de las distorsiones futuras que los vínculos económicos, ordinariamente adquiridos en campañas y otras lides electorales, pueden producir en la conducción del gobierno en función de sus fines y objetivos. Dicho en otras, el Estado se protege de conductas atléticas de los grupos políticos que aspiran al poder, para tratar de garantizar una conducción ética del mismo en el futuro. Nuestro sistema económico es impulsado por la obtención de la máxima ganancia, dentro de una suerte de torbellino avasallante que menosprecia los costos sociales de esta conducta, los cuales son tan elevados que han llevado a reaccionar en su contra a economistas prestigiosos en todas partes del mundo, al nacimientos de conceptos como lo de “capital social” (Kliksberg, 200 a, b; 2002) y al tratamiento de los contrastes en eventos de este tipo que los considera como “los desafíos del desarrollo”.

La existencia de esta situación impone trabas que dificultan el asentamiento y extensión de un comportamiento ético en los diferentes niveles gubernamentales y también dentro de las filas de la oposición política. Una consecuencia es el esfuerzo institucional que se debe hacer para fortalecer a la burocracia gubernamental, de manera que le permita resistir las presiones perversas de usuarios y contratistas suplidores de servicios e insumos materiales quienes, con su proceder carente en absoluto de ética, trabajan continuamente en la perversión de todo aquel que supuestamente se necesite para la tramitación de adquisiciones y pagos. Con la oposición, como ya se señalé, parte de la concertación de los “negocios” es a futuro, pero como comparte responsabilidades de gobierno también debe efectuar esfuerzos para garantizar un comportamiento honesto de sus funcionarios, comprender estas dificultades significa descubrir sus muchas y variadas aristas, así como las dificultades existentes para el control y corrección de las mismas, lo que en absoluto quiere decir que se esté justificando una situación indeseable y nociva para la mayoría.

Se trata de conocer con detenimiento el fenómeno y sus causas, para poder abordarlo como procede, detectarlo precozmente, castigarlo en forma ejemplar y así terminar por erradicarlo en forma definitiva. Para ello necesitamos una nueva aproximación a los problemas, asó como establecer acuerdos y alianzar de nuevo tipo, que permitan prácticas y ejecuciones frescas e incorporen realmente a la sociedad toda en acciones que vayan mucho más allá de lo declarativo, de las simples promesas, de la necesaria pero insuficiente “buena intención” o de la formal resolución tomada por expertos en un seminario local o congreso internacional. Como los que personalmente he asistido.

Otro elemento a tener en cuenta con relación a la carencia de ética que comenzamos analizando es el relativo a la juventud de nuestra nación, todavía en procesos de maduración, con instituciones no consolidadas, preñadas de necesidades e insatisfacciones que, junto con la pobreza educativa generalizada, dificultan la participación ciudadana, el ejercicio pleno de la democracia y construcción de equipos gubernamentales eficaces, eficientes, de respuesta oportuna y de alta gerencia social.


Es claro que estas limitaciones afectan también a la oposición, pues la democracia, la participación y la construcción de equipos de trabajo, no son posibles en medio de una pobreza educativa general. Influye, por otra parte, el proceso histórico de formación de nuestros estados y de sus nacientes democracias, que para garantizar sus estabilidad y funcionamiento requirieron ganar legitimidad y apoyo copular masivo, por lo que se organizaron alimentando una burocracia parásita, ignorante, totalmente improductiva, sin valores éticos de ningún tipo, con elevados grados de corrupción, consumidora de buena parte del presupuesto de gastos del Estado y dispuesta a cualquier cosa para mantener esa situación insostenible de privilegios, la cual se disfraza detrás de los llamados derechos adquiridos. Es este actualmente uno de los principales y más difíciles problemas a ser resueltos por nuestros gobernantes, si realmente se quiere emprender con seriedad el camino del desarrollo económico y humano posible con alcance real en su capital social. Pero no se trata de un problema sólo de los gobernantes, se rata de un problema de país como un todo, incluyendo a la oposición política, la que tendría que lidiar con esa burocracia si llegara a asumir el control del Estado. Además, esa pesada e ineficiente no sólo dificultan el funcionamiento del gobierno lo cual en principio podría ser visto por la oposición política, pues termina por dañarlos a ellos también. Ni el gobierno, ni la oposición, puede estar interesado en destruir al país, si su comportamiento se inscribe dentro del campo de los mandatos de la ética, independientemente que, no tenemos en consideración la existencia de otros intereses o el uso de la razón.

Puede ser, y acontece en la realidad, que ni el gobierno ni la oposición sepan que hacer con el país, con su aparato productivo, con su política fiscal, con sus relaciones comerciales, con su política social, y eso los lleve a fracasos estrepitosos, generalmente pagados principalmente por las mayorías desposeídas del la sociedad civil. Eso es factible, y nuestra historia esta llena de casos aleccionadores ocurridos muy atrás en el pasado y muy recientemente. Países de América Latina, símbolos pasados del éxito, han caído en situaciones indeseables por errores de los gobiernos y de sus grupos de oposición que hicieron su trabajo sin tampoco saber que hacer con el país y no pudieron evitar con sus acciones la debacle ocurrida y la miseria del presente. La oposición política tiene una función importante en el desempeño de los gobiernos democráticos. No esta allí sólo para demostrar que existe y que por lo tanto se está en presencia de una democracia. No esta allí sólo por la motivaciones de sus integrantes y la lucha por el poder que estas motivaciones producen. No esta allí solamente para tratar de desplazar a su adversario gubernamental y sustituirlo en el futuro. Está allí también para gobernar. Sí, para gobernar… no en la forma de alianzas que usualmente vemos en nuestro país, sino ejerciendo como es debido su acción opositora. Si no asumen posiciones prejuiciados, ni demostrativas, si es objetiva en el análisis de la acciones gubernamentales, si tiene como norte el bienestar del país, la oposición adquirirá debida, que necesariamente conducirá, a hacer variar la acción gubernamental en determinados casos, lo que significará que la oposición está ejerciendo su derecho a gobernar, en forma similar a como lo hace en el Congreso Nacional en la elaboración de leyes y realización de otras funciones. “Actuar de una forma no constructiva conduce a negarse como oposición, a peder su carácter de alternativa y a no comportarse bajo los dictados de la ética”

En el campo de la ética existe, y es necesario decirlo, un disociación entre lo que se dice y lo que se piensa, más que evidente en los altos representantes de la economía mundial y de las finanzas, los mandatarios de los países poderosos, el comercio, la gerencia privada y las capas sociales más desfavorecidas. Así, mientras el discurso es vehemente y apasionado respecto de la necesidad de alcanzar la protección del niño y adolescente, lo cual indicaría que se rata de un valor ético importante de toda la sociedad, la desnutrición infantil afecta al 30% de los menores de dos años y los niños de la calle aumentan en número, sin que se produzca la esperada reacción de horror al respecto. Y pero, sin que se produzcan acciones efectivas de todos dirigidas a aminorar situaciones y mucho menos tendientes a eliminar las causas de las mismas.

Esto significa que ciertos grupos sociales o personalidades no creen realmente todo lo que dicen sobre determinados valores éticos, cuya estricta aplicación podría significar una merma en la magnitud de la riqueza por ellos disfrutada. Ocurre lo mismo con la aceptación del significado de los conceptos de equidad e igualdad social. Es difícil, si no imposible, encontrar a alguien que de frente y sostenga que es en desacuerdo con la equidad. Usualmente esas posiciones se disfrazan detrás de otro tipo de consideraciones. En general, todo el mundo está de acuerdo con la equidad y con la igualdad social, vistas así, en abstracto. Sin embargo, al momento de organizar acciones para garantizar la vigencia fe ambos conceptos, aparecen las contradicciones y los rechazos, y se revelan de esa manera quienes realmente se oponen y están en desacuerdo con el significado de los conceptos. Y eso pese a las limitaciones que ya tienen estos conceptos, por lo menos el de equidad definido como la igualdad de oportunidades, pues es claro que no todos en la sociedad tienen la misma capacidad de utilizar las oportunidades que se les presentan, por loo que se trataría entonces de distribuir de un modo equitativo las capacidades de acceder a las oportunidades, lo que implica de un cambio cualitativo del concepto (Fuenmayor, 2002b). En respaldo de estas afirmaciones invoco las opiniones de especialistas internacionales en la disciplina, quines señalan que el planteamiento ético a las relaciones económicas entre los países avanzados y naciones atrasadas. Así, Ugalde -2001, 2002- habla de las dificultades de mantener la mecánica del individualismo posesivo y la necesidad de incorporar la solidaridad como valor ético necesario para alcanzar el desarrollo para todos en paz. Otros rechazan la aplicación de modelos y recetas de otras latitudes –Flores, 2001- o alertan sobre los peligros de la “globalización” que ha nublado lo fines y ha quebrado la perspectiva de los valores culturales (Montes, 2001).

Las contradicciones anteriores significan la existencia de una dualidad valorativa entre lo que valoramos como más justo teóricamente y lo que aceptamos ocurra en la practica diaria, aunque no se trataría de una doble moral – Prats &Catalá, 2001- sino de reconocer que la valoración ética teórica es incapaz, por el momento, de hacer variar en forma importante las cosas y, por lo tanto, para sobrevivir en un medio institucional, en el que sería suicida poner en práctica nuestros ideales éticos valorativos, y terminamos aceptando un discurso práctico mucho más permisivo. Esto explicaría el doble juicio valorativo ético y la tensión que se produce en todas las sociedades entre el nivel normativo y el nivel práctico de nuestros juicios.

“En síntesis, practicamos realmente una moral informal que desgraciadamente ni se ajusta a lo que pensamos ni tampoco es capaz de producir los cambios éticos requeridos”

Lo señalado anteriormente, sin embargo, no debería inhibirnos de continuar la lucha por la implantación de una nueva ética en las instancias gubernamentales y en el seno de la oposición política al interior de nuestro país y en las relaciones con otras naciones, con organismos financieros multilaterales y con empresas transnacionales de distinto tipo -Fuenmayor, 2002ª-. Acéptese o no, nuestro país no avanza hoy hacia etapas más vanguardistas que las democracias actuales, se requerirá mayor participación de la gente hasta que las coaliciones políticas protagonicen la construcción de sus propios destinos. Esto necesariamente incrementará las demandas éticas de los pueblos y sus gobernantes, a los dirigentes sociales y al resto de las organizaciones políticas y gubernamentales, oficiales y privadas, independientemente de las dificultades que generen los antivalores creados por las relaciones perversas de las últimas décadas producto del enriquecimiento ilícito. (Fuenmayor. 2002ª) Y así tenemos ejemplos como Iver-Link, Ferrocarriles del Estado, Chile Deportes, INDAP, Transantiago, por mencionar los conocidos por la opinión públicas.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Actualidad Económica

Presidente del Grupo del Banco Mundial da a Conocer Orientación Estratégica para Promover una Globalización Incluyente y Sostenible

Comunicado de Prensa

Contactos:
En Washington: Amy L. Stilwell
astilwell@worldbank.org

Geetanjali Chopra
gchopra@worldbank.org

Washington, 10 de octubre de 2007
"La visión del Grupo del Banco Mundial consiste en contribuir a una globalización incluyente y sostenible, para superar la pobreza, aumentar el crecimiento cuidando el medio ambiente, y dar oportunidades y esperanzas a cada persona", señaló el presidente del Grupo del Banco Mundial, Robert B. Zoellick.

En su alocución en el National Press Club, en la ciudad de Washington, al cumplirse los primeros cien días de su mandato como presidente del Grupo del Banco Mundial, Zoellick explicó: "La globalización ofrece oportunidades extraordinarias. Sin embargo, la marginación, la pobreza agobiante y el daño ambiental generan peligros. Los más afectados son aquéllos que tienen menos con qué empezar: los pueblos indígenas, las mujeres de países en desarrollo, los pobres de las zonas rurales, los habitantes de África, y sus hijos".

Al analizar la manera en que el Grupo del Banco Mundial puede apoyar a los países en desarrollo, Zoellick puntualizó: "La finalidad del Grupo del Banco Mundial sí­ consiste en ayudar a los países a ayudarse a sí mismos movilizando capital y promoviendo políticas a través de una combinación de ideas y experiencias, el aprovechamiento de las oportunidades que ofrece el mercado privado, y el apoyo al buen gobierno y la lucha contra la corrupción, todo ello impulsado por nuestros recursos financieros".

"La finalidad del Grupo del Banco sí­ consiste en promover ideas acerca de proyectos y acuerdos internacionales sobre comercio, finanzas, salud, pobreza, educación y cambio climático, para que puedan beneficiar a todos, y en particular a los pobres que buscan nuevas oportunidades".

"La globalización incluyente es también una cuestión de interés propio. La pobreza da lugar a la inestabilidad, las enfermedades y la devastación de recursos comunes y del medio ambiente", expresó.

Zoellick manifestó que el Grupo del Banco deberá ampliar las fronteras del pensamiento con respecto a las políticas y los mercados, y explorar nuevas posibilidades. Al exponer su visión para el Grupo del Banco Mundial, Zoellick propuso seis temas estratégicos:

“Ayudar a superar la pobreza y estimular el crecimiento sostenible en los países más pobres, sobre todo en África. Hacer frente a los problemas especiales de los Estados que han salido de un conflicto”.

Elaborar un conjunto competitivo de "soluciones para el desarrollo" para los países de ingreso mediano que, además de financiamiento, comprendan servicios adaptados a sus necesidades. Contribuir de forma más activa a fomentar los "bienes públicos" regionales y mundiales en esferas que trascienden las fronteras nacionales, como el cambio climático, el VIH/SIDA, el paludismo y la ayuda para el comercio. Ayudar a quienes tratan de promover el desarrollo y las oportunidades en el mundo Árabe. Promover "el conocimiento y el aprendizaje" en todo el Grupo del Banco Mundial con el propósito de respaldar su función como un grupo de expertos de experiencia aplicada.

Zoellick manifestó que el Banco también estaba intensificando su labor con los países en lo que respecta al buen gobierno y la lucha contra la corrupción, que constituyen las bases para promover el desarrollo.

Para ayudar a los países más pobres, Zoellick anunció que el Grupo del Banco Mundial llevaba la iniciativa al prometer un aporte de US$3.500 millones de sus propios recursos para la Asociación Internacional de Fomento (AIF), que concede donaciones y créditos sin intereses a los 81 países más pobres. Esta cantidad es más del doble de los US$ 1.500 millones que el Grupo del Banco prometió para la anterior reposición de los recursos de la AIF en 2005.

Zoellick desafió a los países desarrollados para que siguieran los pasos del Banco y aumentaran su apoyo a los más pobres del mundo, sobre todo en África y en Asia meridional y oriental.

"He querido que todos los donantes sepan, en términos específicos, que el Grupo del Banco Mundial acompañará ¡sus palabras con acciones concretas a la hora de impulsar la AIF", expresó. "Ahora necesitamos que los países de Grupo de los Ocho y otros países desarrollados también traduzcan las palabras expresadas en la cumbre en cifras importantes".

Según Zoellick, como pleno participante en el sistema económico multilateral, el Grupo del Banco tiene una importante función que cumplir para promover una globalización incluyente y sostenible.

"Juntos, debemos demostrar que el multilateralismo puede funcionar con mayor eficacia, no sólo en los salones de conferencias y en los comunicados, sino en los poblados y las ciudades atestadas, en beneficio de los más necesitados".

Situación de la Religión

¿Por qué están perdiendo los dioses?
Dos autores analizan la falta de fe en el mundo, cada vez más extendida. Los investigadores Gregory Paul y Phil Zuckerman han analizado la situación actual de las grandes religiones en el mundo, aportando una visión que se contradice con la del “mito” (según ellos) del reflorecimiento de la fe en la actualidad. El secularismo es lo que realmente se está extendiendo cada vez más en la población global al amparo de la democracia y del bienestar social. Según los autores, los países en los que más se cree es en aquellos en los que hay más miedo: el tercer y segundo mundo, en los que la riqueza está mal repartida y los pobres sufren más; y en un solo país del primer mundo, Estados Unidos, con una extensa clase media que vive atemorizada ante su propio estilo de vida.
La falta de fe religiosa rivaliza actualmente con las grandes religiones en número de adeptos e influencia, aseguran Gregory Paul (investigador de diversos campos) y Phil Zuckerman (psicólogo y autor entre otros libros de Invitation to the Sociology of Religion. Nunca antes las religiones hubieron de enfrentarse a tan altos niveles de incrédulos ni tuvieron la necesidad de luchar por recuperar la confianza de las masas, señalan Paul y Zuckerman. En un artículo titulado Why the Gods are not winning (Por qué no ganan los dioses), publicado por la Fundación Edge, que promueve la discusión de mentes pensantes sobre temas intelectuales, filosóficos, artísticos y literarios, ambos autores afirman además que la religión carece en la actualidad de una estrategia efectiva que le vaya a permitir derrotar esta ausencia de fe a lo largo del siglo XXI. Por un lado, hay un mito que va ganando terreno y que parece plausible: después de la propuesta del siglo XX de la muerte de Dios, Él ha regresado a lo grande, y multitudes de personas están teniendo un reencuentro con la fe. Sin embargo, la situación actual tiene poco que ver con este mito, que algunos mantienen: es mucho más compleja y se caracteriza por algo que nunca se había visto en la historia y que representa un serio peligro para la fe. Decadencia de las grandes religiones
Está ampliamente documentado que la cristiandad ha decaído dramáticamente en Europa, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Japón. Esta decadencia, en concreto en Occidente, ha sido denunciada de manera regular por los líderes protestantes. En muchos lugares del mundo, las iglesias han sido convertidas en bibliotecas, lavanderías y pubs, aseguran Zuckerman y Paul, al mismo tiempo que la teoría de la evolución, contestada en algunos círculos religiosos conservadores, es aceptada en la mayoría de los países seculares. Por otro lado, los no-creyentes han demostrado ser la mayor parte de la población, según las encuestas, en países como Escandinavia, Francia o Japón, y los centros de culto se enfrentan al peligro de llegar a un punto de decadencia sin retorno en el Reino Unido, según el sociólogo británico Steve Bruce, autor de libros como God is Dead: secularization on the West (Dios está muerto: la secularización en Occidente). Sin embargo, otros autores, como Samuel Shah y Monica Duffy Toft, han señalado que, si bien se suponía que la religión desaparecería con la expansión de la globalización y la libertad, en lugar de eso se está experimentando un fuerte auge religioso en todo el mundo, con frecuencia determinando los candidatos ganadores de las elecciones. Para ellos, la democracia está dando voz a los pueblos, que quieren hablar de Dios cada vez más.
Religión y secularismo en el mundo Cierto es, señalan Zuckermann y Paul, que la revisión de las WCE, o estadísticas de la religión a nivel mundial, pueden tener diversas lecturas, pero también que reflejan que, en el siglo XX, el número de personas no-religiosas aumentó de los 3,2 millones de 1900 a los 697 millones de 1970 y los 918 millones en 2000. Igual de meteórica ha sido la expansión del secularismo: agnósticos y ateos pasaron de un 0,2% de la población mundial a crecer en 8,5 millones de nuevos adeptos anualmente, hasta alcanzar los mil millones. Según estos autores, el florecimiento de las grandes religiones es un mero espejismo, salvo en el caso del Islam, que parece que, de ser la religión de una octava parte de la población, llegará a convertirse en la fe de una quinta parte de la población mundial en 2050. Para Paul y Zuckerman, esto es debido a que los países musulmanes carecen en general de sistemas democráticos y siguen creciendo demográficamente más que los países laicos. Por otro lado, China nunca ha sido especialmente religiosa, y se convirtió en atea con el comunismo. Esta tendencia se ha acentuado con el actual desarrollo del consumismo en sus fronteras, por lo que la población religiosa (en su mayoría budistas y taoístas) es actualmente menos de un tercio de la población adulta.
Tercer mundo En países en vías de desarrollo y en el tercer mundo, la devoción religiosa de las masas aún es fuerte, pero incluso allí existe la preocupación teísta. México, por ejemplo, se liberaliza cada vez más, con nuevas leyes pro-abortistas y por los derechos civiles de los homosexuales, mientras salen a la luz los escándalos ocurridos en el interior de algunas confesiones. En cuanto al Islam, un tercio de los turcos creen que la religión no tiene una gran importancia en sus vidas, y los iraníes jóvenes de las ciudades se han ido secularizando en respuesta a la corrupción de los Mulás. En Asia, el 40% de los ciudadanos de una próspera Corea del Sur no creen en Dios, y sólo una cuarta parte de la población (en su mayoría cristianos evangelistas) se considera muy religioso. El contrate es Estados Unidos, único país occidental donde dos tercios de la población cree en Dios y nueve de cada diez individuos creen en algún tipo de poder superior. Pero, incluso aquí, el fenómeno de las grandes iglesias es ilusorio, creen Zuckerman y Paul, porque se utilizan métodos como poner cruces en los estadios deportivos, construir iglesias que cuentan con tecnología punta y se hacen esfuerzos desesperados por satisfacer a las audiencias de los medios de comunicación. De cualquier forma, en este país, los ateos son actualmente 30 millones de personas, la mayor parte con alto nivel educativo y altas rentas, y superan en número a los judíos, musulmanes y mormones americanos juntos. Hay mucho más ateos que baptistas y se “reclutan” más escépticos que evangélicos.
Fe y miedo La extensión del racionalismo norteamericano se nota en los éxitos editoriales recopilados por libros radicalmente ateos como el de Sam Harris (The End of Faith) o de Richard Dawkins "The God Delusion".En definitiva, ninguna de las grandes religiones alcanza actualmente, según Paul y Zuckerman, una expansión generalizada, y la falta de fe en lo sobrenatural sólo podría alcanzar tasas extraordinarias de superación a través de la conversión voluntaria de la gente. Según estos autores, se espera que en los países del segundo y tercer mundo, donde la riqueza se concentra en una élite y las masas se empobrecen cada vez más, la población se siga refugiando en el consuelo de la fe. En el primer mundo, en cambio, en el que la población disfruta de diversas ventajas, como el acceso a la sanidad y la educación, esta situación reduce dramáticamente la necesidad de los individuos en creer en fuerzas naturales que los protejan de las calamidades de la vida. No es el caso de Estados Unidos, donde, a pesar de tener una extensa clase media, educada, y que vive en el confort, la fe sigue presente, independientemente del importante número de ateos. Paul y Zuckerman señalan que esta población aún se siente en peligro a pesar de sus circunstancias: los despidos arbitrarios de trabajos fijos, la pérdida de los seguros médicos (las facturas médicas son la principal causa de ruina en las familias norteamericanas), las deudas excesivas derivadas de la lucha por la riqueza, etc. son razones para vivir asustados.
En conclusión: afirman los autores, la motivación para creer o no creer depende más de la economía que de la reflexión deliberada. Cuanto más proporciona un país seguridad física y financiera a sus ciudadanos, menos devotos religiosos parece tener. Las fuerzas sobrenaturales alivian sus ansiedades y miedos. Es probable que algo se pueda hacer para modificar este patrón humano fundamental.

La Diplomacia y Ruanda

MYANMAR, LA VERGÜENZA DEL MUNDO
Vicenç Fisas, director de la Escuela de Cultura de Paz, UAB

Hace trece años, se publicó que el genocidio de Ruanda había puesto tan alto el listón de muertos en los conflictos que podríamos acabar pagándolo haciendo invisibles muchos otros dramas que, a pesar de su inmensa crueldad, no se caracterizan por acumular centenares de miles de muertos, pero sí por vulnerar todo tipo de derechos humanos, despreciar la democracia e impedir la libertad de sus habitantes. Myanmar era, y continúa siendo, uno de los paradigmas de la sinrazón de una dictadura militar autista, instalada en el poder desde hace más de cuarenta años, y en un país mayoritariamente desconocido, un gran productor de opio, y que tiene una premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, líder de la Liga Nacional para la Democracia, que ha pasado largos años encarcelada o confinada en su domicilio, a pesar de haber ganado unas elecciones en 1990, motivo por el cual fue arrestada. ¿Tiene arreglo este país? ¿Con qué tipo de apoyos cuenta la Junta Militar? ¿Podemos esperar, en definitiva, que esa amplísima movilización popular iniciada por los monjes budistas haga cambiar el escenario?
Los primeros encuentros entre los militares y la oposición democrática no se produjeron hasta finales de 2000, con la mediación de Malasia y Naciones Unidas. Durante el periodo 2001-2004 se realizaron una serie de gestos por parte de la Junta Militar en lo que podríamos denominar “diplomacia de las visitas”, que se tradujo en la liberación de presos políticos antes y/o después de las visitas periódicas que efectuaban en el país el enviado especial del secretario general de Naciones Unidas, el relator especial sobre Derechos Humanos y dirigentes políticos de varios países, aunque hubo periodos en los que la Junta Militar no permitió dichas visitas. En 2004, el Gobierno promovió una Convención Nacional para democratizar el país, tachada de farsa por los mismos EE. UU, pero el NLD condicionó su participación a la liberación de sus miembros encarcelados. Muchas de las gestiones diplomáticas para resolver el conflicto se hicieron a través del Centro para el Diálogo Humanitario, con sede central en Ginebra y con una oficina en la capital birmana desde el 2.000, pero que fue clausurada por la Junta Militar en marzo de 2006.
Un año antes, en 2005, voces como la del ex presidente checo Václav Havel y el premio Nobel de la Paz Desmond Tutu instaron al Consejo de Seguridad de la ONU para que llevara a cabo acciones contra el régimen militar de Myanmar de forma inmediata. La suspensión de las visitas de la Cruz Roja Internacional, la existencia de campos de trabajo forzado y de la esclavitud, y el continuo encarcelamiento de opositores políticos, empezaron a incomodar a varios países y a organismos internacionales. A finales del pasado año, el embajador de EE. UU. en la ONU pidió al presidente del Consejo de Seguridad que se llevara a cabo una discusión formal sobre la deteriorada situación del país, pero en enero del año actual, dos países del Consejo de Seguridad, China y Rusia, además de Qatar y RD Congo, votaron en contra de esa posibilidad.
En paralelo, numerosas organizaciones internacionales de apoyo a la oposición democrática birmana criticaron la falta de esfuerzos de la UE para impedir que empresas originarias de los Estados miembros inviertan en Myanmar en sectores como el del petróleo, el gas o la madera, que generan importantes beneficios al mafioso Gobierno militar. Para colmo de la vergüenza, el Gobierno Indio se comprometió a incrementar la ayuda militar a Myanmar a cambio de una mayor cooperación para combatir a los grupos insurgentes indios que operan a lo largo de la frontera con Myanmar.
En el segundo trimestre de este año, el secretario general de la ONU nombró a Ibrahim Gambari como su representante en el país, con la difícil intención de implementar las resoluciones de la Asamblea General, que no tienen carácter obligatorio. La respuesta de la Junta Militar fue prorrogar por un año la detención de la líder opositora y premio Nobel de la Paz. Ibrahim Gambari visitó en julio distintos países asiáticos (Singapur, Indonesia, Malasia y Tailandia) para mantener consultas con los diferentes Gobiernos sobre la situación y el futuro del país. Entre las reuniones mantenidas cabe destacar el encuentro con las autoridades chinas, uno de los aliados más importantes del régimen militar de Myanmar. Gambari también se reunió con representantes del Gobierno indio, que en los últimos meses ha incrementado la cooperación, sobre todo en términos militares, con el Ejecutivo de Myanmar, así como con el presidente Putin. Ha sido, pues, en este contexto de un cierto movimiento a nivel internacional que los monjes budistas han emprendido la iniciativa de salir a la calle y alentar, con su ejemplo, la movilización de un pueblo que está harto de sentirse humillado por una dictadura militar corrupta y delirante.
Es una cuestión importante el que estas manifestaciones se produzcan en los días en que está reunida la Asamblea General de la ONU, porque la presencia en Nueva York de gran cantidad de gobernantes podría permitir llegar a un acuerdo de presión final sobre la Junta Militar. Para ello será imprescindible que China e India retiren su apoyo militar a la junta, que el Consejo de Seguridad, incluyendo Rusia, sea capaz de buscar una fórmula consensuada para que se ponga en marcha una hoja de ruta para la democratización del país a corto plazo (algo así como el quinteto que ayudó a superar la crisis norcoreana), y que la premio Nobel de la Paz quede en libertad de forma inmediata. Para lograrlo es fundamental que Myanmar no quede en el olvido y sea titular diario en las próximas semanas. Sólo así, ante la mirada permanente del mundo, la población birmana podrá recuperar la libertad, y nosotros dejar de ser espectadores pasivos de una de las peores vergüenzas del último medio siglo.

La Confianza

En Dios no Confiamos
(Por Michael Kinsley)

Los observadores del fenómeno Hitchens estaban esperando un libro suyo sobre religión para estas fechas. Pero este impresionante y disfrutable ataque a eso que tanta gente estima no es el libro que estábamos esperando.
Primero en Londres, hace 30 años o más, luego en Nueva York, y las dos últimas décadas en Washington, Christopher Hitchens se ha convertido a sí mismo en todo un personaje. Este personaje se basa en fuentes tan familiares como las novelas de P. G. Wodehouse, Evelyn Waugh y Graham Greene, los políticos de izquierda de los sesentas (en su variante inglesa); y, por supuesto, George Orwell. (Otros agregarían a Bunthorne, personaje de la obra de Gilbert & Sullivan Patience, pero en este caso no se trata de una influencia intencional). Hitchens es el bohemio y el petimetre, el vistoso corresponsal extranjero, el esmerado crítico literario y el intelectual engagé. Le encantan los anfitriones de Washington, pero les soltará una bomba apestosa en el salón si se presenta la oportunidad.
Su conversación es chispeante sin esfuerzo aparente, y si bien es demasiado rápido para recurrir al francés en busca del mot juste, sus joyas de erudición, aunque llamativas, son verdaderas. O, por lo menos, me engañan. Hitchens tuvo razón al elegir Washington en vez de Londres o Nueva York.
Sus enemigos prefieren creer que es un fraude. Pero no lo es, como la existencia de tantos de esos enemigos tiende a probar. Es bastante pagado de sí mismo, pero no más que otros tantos en Washington –o incluso en Londres y en Nueva York– que no son tan buenos como él. Es disoluto por principio, con la valentía de la disolución: goza de fumar y de beber, y no sólo de la reputación de fumar y beber –aunque también goza de eso. Y así y todo, es productivo a un grado que parece engañoso: 23 libros hasta ahora, folletos, colecciones y colaboraciones; una columna larga y a menudo bien investigada cada mes en Vanity Fair; frecuentes descargas de fusilería en Slate y en otras partes; y discursos, discusiones y otros espectáculos públicos siempre que aparezcan.
El gran reto estratégico para una carrera como ésta es seguir siendo interesante, y la táctica más fácil para hacerlo es la sorpresa. Si ellos esperan que tú digas X, tú dirás menos X.
La consistencia es una tontería, como dijo el hombre. (¿O no lo dijo?). Bajo las reglas no escritas y algo excéntricas del discurso público americano, una afirmación que contradice todo lo que has dicho antes es considerada, por esa misma razón, especialmente sincera, valiente y digna de confianza. Cuando yo era editor en The New Republic en los ochentas, bromeábamos con cambiarnos el nombre y ponernos “Even the Liberal New Republic” (Incluso la Nueva República liberal…) porque era así como nos referíamos a todos los que adoptaban una posición conservadora sobre algo, lo cual era bastante frecuente. Entonces llegó el día en el que adoptamos una posición liberal sobre algo, y fuimos llamados Even the Conservative New Republic (Incluso la Nueva República Conservadora).
Como ilustra este ejemplo, entre los escritores que hablan de política la técnica de la sorpresa usualmente significa empezar en la izquierda y virar a la derecha. El problema es: haces esto una vez, y luego, ¿cuál es el siguiente truco?
Christopher Hitchens ha parecido resolver este problema transformando su conversión en una “Danza de los siete velos” ideológica. Hace ya tiempo se declaró antiabortista. ¡Interesante! Después descubrió y transformó en un banquete kosher el hecho de que su madre, muerta, fuera judía, lo que según la ley judía le transformaba a él en judío. ¡¡Interesante!! (era notorio en aquel momento por sus ideas antisionistas). En los noventa, Hitchens era violento, y de alguna manera inexplicablemente, hostil al Presidente Bill Clinton ¡¡¡Interesante!!! Podría pensarse el declive de Clinton –la cosa que molestó más a los liberales y los izquierdistas– consiguió atraer a Hitchens. Por último, hace poco se convirtió en el partidario más serio intelectualmente (tal vez en el único) de la guerra de Irak, al margen de los neoconservadores. ¡¡¡¡Interesante!!!!
¿Adónde se dirigía su tren? Probablemente hacia una conversión clara al conservadurismo más común y a una rápida caída en los clichés y la demagogia (el camino recorrido por Paul Johnson, un personaje británico similar de la generación anterior). Pero de seguro le quedaba tiempo para alguna aventura intelectual más antes de retirarse a la Institución Hoover o algún otro asilo mental. Una posibilidad descollaba: Hitchens, conocido como un ferviente ateo, podía encontrar a Dios y aceptar la religión. La única pregunta era qué sabor escogería. ¿Abrazar el Islam? Demasiado mono. ¿Completar el guión medio escrito del judaísmo? ¿Convertirse en católico, siguiendo el camino bien trazado por escritores británicos como Waugh y Greene? ¿O –más curioso y original– abrazar la vieja Iglesia de Inglaterra (el episcopalismo en Norteamérica) y pasar sus años de decadencia escribiendo sobre la belleza de los himnos, lo esencialmente británico de los camposantos de aldea, la importancia de proteger a la religión de los peligros del exceso de fe, y todo eso?
Pues bien, señoras y señores, Hitchens o está jugando al disidente al más alto nivel o, posiblemente sea hasta sincero. Y mientras nos tenía esperando un menos X, nos confunde volviendo a X. Ha escrito, con tremendo brío y gran agudeza, pero también con una genuina cólera subyacente, un ataque total contra todos los aspectos de la religión. A veces en lugar de usar la palabra “religión” se refiere a la misma como “culto de Dios”, lo cual, aunque sea virtualmente una tautología (¿ser objeto de culto no es casi la definición de un dios?), hace parecer la práctica como algo siniestro y extraño.
Hitchens es un ateo de pueblo de la vieja escuela, de los que se coloca en la plaza para pelearse con los buenos ciudadanos que van camino de la iglesia. El libro está lleno de florilegios y acertijos lógicos, muchos de ellos divertidos para el incrédulo. ¿Cómo pudo Cristo morir por nuestros pecados cuando se supone que no murió en absoluto? ¿No sabían los judíos que el asesinato y el adulterio eran malos antes de recibir los Diez Mandamientos? ¿Y si lo sabían, por qué es un regalo tan maravilloso?
En un tono más sombrío, ¿cómo puede el "argumento del diseño"1 (de que tan sólo algún tipo de “inteligencia” podría haber diseñado algo tan perfecto como el ser humano) reconciliarse con la práctica religiosa de la mutilación genital, que plantea que las mujeres, al menos, tal y como la naturaleza las crea, no son en absoluto perfectas? Si agudezas como estas detienen o no al creyente es una pregunta que ya no puedo contestar.
Y todas estas salidas lógicas no conforman un argumento sostenido porque Hitchens cree que un argumento sostenido no debería ser necesario, y mucho menos resultar suficiente. Para él es cegadoramente obvio: todas las grandes religiones comienzan en la época en que sabíamos una pequeña fracción de lo que sabemos hoy sobre los orígenes de la Tierra y la vida humana. Es comprensible que los primeros humanos hayan desarrollado historias sobre dioses o dios para salvar su ignorancia. Pero la gente de hoy no tiene excusa. Si continúan creyendo en lo increíble, o dicen que lo hacen, son imbéciles o lunáticos o mentirosos. “El deseo humano de creer en cosas buenas como milagrosas y cargar las cosas malas en otra cuenta es aparentemente universal”, subraya Hitchens, sin compasión.
Aún cuando el título de Hitchens se refiere a Dios, su real fuerza se encuentra en el subtítulo: “la religión lo envenena todo.” Refutar la existencia de Dios (al menos para su propia satisfacción y honestamente para la mía) es sólo el comienzo para Hitchens. En realidad, a veces parece que el tema de su existencia sólo fuese uno de lo huesos que Hitchens quiere romperle a Dios –y ni siquiera el más importante. Si Dios dejase al mundo tranquilo, Hitchens estaría encantado de dejarlo existir, silencioso, retirado en algún lugar. Posiblemente en la Institución Hoover.
Hitchens manifiesta una atracción recurrente por el principio de la navaja de Occam: las explicaciones simples son más proclives a ser correctas que las complicadas. (Por ejemplo, la tierra gira en torno al sol; el sol no hace un complejo viaje a través de la tierra). Se podría pensar que la Navaja de Occam podría favorecer a la religión; la historia de la creación ofrecida por la Biblia ciertamente parece más simple que la evolución. Pero Hitchens argumenta con efectividad, una y otra vez, que adjuntar el mito religioso a lo que conocemos como cierto gracias a la ciencia no agrega más que complicaciones innecesarias.
Para Hitchens es algo personal. Gran amigo de Salman Rushdie, nos recuerda que no fue un musulmán loco y marginal quien lo amenazó, mató a varios y lo convirtió en prisionero virtual por el crimen de escribir una novela. Los líderes religiosos de los credos más importantes, que discrepan en algunas de las preguntas fundamentales, han logrado dejar a un lado sus diferencias y aceptar que Rushdie se las traía. Por otro lado, Hitchens nota agudamente que si cualquiera de los credos más importantes estuviese en lo cierto, los otros deberían ser falsos en aspectos importantes –un punto obvio a menudo olvidado en la cálida bruma del ecumenismo.
La erudición de Hitchens está en exhibición –de manera impresionante, y quizás pretenciosa algunas veces. En un párrafo es capaz de juntar a Stepehn Jay Gould, la teoría del caos y Saul Bellow; declarar que la película It’s a Wonderful Life es “atractiva pero abismal” (esa manera típica de Hitchens: ¿paradoxal agudeza? ¿Oximorónica insensatez? Elija usted), explicar el principio de la incertidumbre de Heisenberg a un público de cultura media, y acabar en una discusión sobre el potencial de las células básicas. Sin embargo, y pese a todas las tentaciones, ha sido capaz de escribir un libro sin ninguna cita de Sir Isaiah Berlin, la zorra o el erizo.
Hablando de zorros, Hitchens ha logrado burlar a sus observadores al escribir un libro serio y profundamente sentido, completamente consistente con sus creencias de toda una vida. Y Dios debería sentirse halagado: a diferencia de la mayoría que clama por atención, Hitchens lo trata como a un adulto. Michael Kinsley es columnista de la revista Time.

(1) Esto es una alusión a la teoría del "diseño inteligente" con la que algunos teólogos tratan de conciliar evolución y creación dívina. (N del T)

Glamour

"El terrorismo es 'glamour"
El escritor anglo-indio Salman Rushdie, forzado durante años a la clandestinidad por la condena a muerte del imán Jomeini, vive ya con relativa normalidad entre Londres, Nueva York y Bombay, y habla sin tapujos sobre religión y terrorismo. Un terrorismo que "es 'glamour', no sólo, pero también", porque muchos terroristas suicidas "están subyugados por el funesto hechizo que emanan estos actos demenciales".(Erich Follat)

"Parece que las discriminaciones sociales han dejado de desempeñar un papel decisivo y que ahora cualquiera puede convertirse en terrorista" "En el caso de ETA, parece que se ha logrado por lo menos poner en marcha el proceso, y creo que hay que agradecérselo en buena medida a Bin Laden" "Lenin definió en una ocasión el terrorismo como fruto del 'espíritu aventurero burgués'. Y la verdad es que creo que en este caso no le falta razón" "Me deprime enormemente que en estos momentos las políticas árabe y anglo estadounidense se justifiquen recíprocamente" "Los fundamentalistas religiosos de todo signo son el peor de los males de nuestro tiempo. Casi todos mis amigos son ateos, así que no soy una excepción" "Es increíble todo lo que hoy se presenta a la gente bajo la rúbrica de 'espiritual'. Incluye cosas como el perrillo faldero espiritual o el champú espiritual"
El escritor anglo-indio Salman Rushdie habla del peligro que representan los agitadores fundamentalistas de todas las religiones, de la escritura como liberación frente al miedo al terrorismo y de su vida literaria a caballo entre Nueva York, Londres y Bombay.
Pregunta. Señor Rushdie, como experto en terrorismo...
Respuesta. ¿A qué debo semejante honor? Yo no creo serlo en absoluto.
P. La descripción de Estados Unidos amenazado por el terrorismo que hizo en su libro neoyorquino Furia, editado en la primavera de 2001, fue para muchos una obra profética, una especie de anticipación del 11-S; y su última novela, Shalimar el payaso, describe la transformación de un artista circense de Cachemira en terrorista. Además, lleva ya casi una década amenazado de muerte por fanáticos iraníes que pusieron precio a su cabeza: cuatro millones de dólares.
R. Si usted cree que eso basta para ser un experto en terrorismo...
P. Pues sí. Seguro que a lo largo de sus indagaciones y, sobre todo, a raíz de los atentados aéreos recién abortados en Londres, se ha devanado los sesos tratando de comprender cómo el agradable joven de la puerta de al lado de aspecto enteramente normal puede convertirse en terrorista y qué es lo que se le pasa por la cabeza a alguien que se transforma en bomba de relojería andante.
R. Existen muchos y muy variados motivos que explican el fenómeno mundial del terrorismo. En Cachemira, algunos se unen a los denominados movimientos de resistencia porque les proporcionan ropa de abrigo y comida. En el caso de los atentados del año pasado en Londres se trataba de jóvenes musulmanes cuya integración en la sociedad parece haber fracasado; ahora tenemos que vérnoslas con aspirantes a terroristas procedentes del núcleo de nuestra sociedad, jóvenes musulmanes que incluso han disfrutado de múltiples maneras las libertades que ofrece la sociedad occidental. Parece que las discriminaciones sociales han dejado de desempeñar un papel decisivo y que ahora cualquiera puede convertirse en terrorista.
P. Líderes musulmanes británicos han escrito una carta al primer ministro en la que vinculan esta mayor predisposición al terrorismo con la política puesta en práctica por Bush y Blair en Irán y en Líbano. ¿Están completamente equivocados? ¿No es cierto que las atrocidades de Abu Ghraib y la doble moral de Guantánamo contribuyan a crear el caldo de cultivo perfecto para la violencia?
R. Tony Blair no despierta mis simpatías y considero funesta la política puesta en práctica por Estados Unidos y el Reino Unido en Irak y en Oriente Próximo. Siempre hay motivos para la crítica, incluso para la indignación. Sin embargo, hay algo que todos hemos de tener claro: el terrorismo no consiste en la persecución de objetivos legítimos a través de cualquier tipo de medios ilegítimos. Sea lo que sea lo que quieran lograr los asesinos, de lo que no cabe duda es de que la instauración de un mundo mejor no forma parte de sus objetivos; sus esfuerzos se encaminan más bien hacia el asesinato de inocentes. Si diéramos con una fórmula mágica que nos permitiera resolver de la noche a la mañana un conflicto como, por ejemplo, el existente entre palestinos e israelíes, no creo que sufriéramos menos atentados.
P. Pero no cabe duda de que deben existir motivos o por lo menos factores desencadenantes que expliquen esa terrible disposición a aniquilar la vida de otros e incluso la propia.
R. Lenin definió en una ocasión el terrorismo como fruto del "espíritu aventurero burgués". Y la verdad es que creo que en este caso no le falta razón, está en lo cierto. Uno no puede negar la idea fundamental que sustenta toda moral: el hecho de que los individuos son responsables de sus actos. Y en el plano individual, probablemente sean también los desencadenantes de los mismos. En este contexto, la educación desempeña indudablemente un papel importante al inculcar la conciencia equivocada de ser un elegido que empuja a ejecutar acciones. A esto hay que añadir la mentalidad de rebaño una vez que uno está integrado en un grupo en el que sus miembros se van abocando unos a otros a asumir situaciones impuestas. Existe el tipo que cree que su acción impresionará a la humanidad entera y le convertirá en una figura histórica. Y existe quien simplemente se siente atraído por la violencia. Y sí, creo que el glamour también desempeña un papel.
P. ¿Lo dice en serio? ¿Cree que el terrorismo es glamouroso?
R. Sí. El terrorismo es glamour, no sólo, pero también. Estoy firmemente convencido de que entre los terroristas suicidas existe algo así como una fascinación por la muerte. Muchos están subyugados por el funesto hechizo que emanan estos actos demenciales; el terrorista suicida se engaña a sí mismo imaginando un brillante acto heroico cuando en realidad lo único que hace es saltar absurdamente por los aires y quitar la vida a otros. Pero hay algo que no debemos olvidar: la mayoría de las personas que viven aterrorizadas por los musulmanes radicales son también musulmanes.
P. Desde luego, el terrorismo no tiene justificación posible. Sin embargo, existen diversos puntos de partida, existe la violencia de grupos que persiguen con todos los medios a su alcance objetivos nacionalistas que cabría calificar de comprensibles.
R. Y otros, como Al Qaeda, que se han propuesto como objetivo la destrucción de Occidente y de toda nuestra forma de vida. No existe ninguna posibilidad de debate con Osama Bin Laden y sus seguidores, con ellos no se puede firmar ningún tratado de paz. Hay que combatirlos por todos los medios.
P. Y con los demás, los terroristas nacionalistas como el grupo palestino Hamás, ¿deberíamos entablar el diálogo?
R. Depende de si renuncian a la lucha terrorista bajo determinadas condiciones. En el caso de los vascos de ETA parece que se ha logrado por lo menos poner en marcha el proceso, y creo que hay que agradecérselo en buena medida a Bin Laden; los dirigentes vascos no quieren ser como él. Por lo que respecta al IRA, ha sido decisiva la pérdida de credibilidad entre sus propias gentes, que ya no veían ningún sentido en seguir librando esa violenta lucha clandestina. Por lo menos, la posibilidad de reconvertir a largo plazo antiguas organizaciones terroristas en partidos políticos no es una idea utópica. Podría funcionar en el caso de aquellos grupos cuyo leit motiv fundamental no es el fanatismo religioso; los Tigres Tamiles de Sri Lanka, que serían algo así como los inventores del atentado suicida, no tienen el menor trasfondo religioso. Persiguen unos objetivos muy claros: tener un Estado propio.
P. Pero ¿por qué habría que conceder ese Estado a una minoría, sólo por el hecho de que luchan de manera particularmente brutal? ¿Qué nos dice de Shalimar, el protagonista de su última novela, que asesina por Cachemira? ¿Debería ser él quien decida el futuro de esa región?
R. Hay que analizar cada caso concreto. Por ejemplo, para saber por qué alguien se decide a abrazar la lucha armada sólo se puede recurrir al análisis de esa personalidad concreta. En el caso de Shalimar nos encontramos con una mezcla de motivos políticos y personales.
P. El orgullo masculino herido tiene un papel importante porque el embajador estadounidense en Delhi echa a perder su gran amor. Pero también se aborda el tema del desarrollo de esa región, que pasa de ser una sociedad pacífica y multicultural a convertirse en coto privado de terroristas; y también se trata el tema de los brutales abusos del ejército indio que empujan a Shalimar a unirse a los guerreros de Dios. ¿No le ha acarreado problemas esa descripción de la realidad de Cachemira?
R. Casi ninguno, afortunadamente. Mi libro no ha sido prohibido en India como ocurrió con Los versos satánicos y hace poco con El último suspiro del moro, debido a supuestas calumnias contra un político indio. He recibido muchas críticas buenas en India e incluso el premio literario más importante. Como medio cachemir que soy, siento una profunda simpatía por esa región, por ese paraíso perdido. Probablemente tampoco haya habido protestas porque todo el mundo se ha dado cuenta de lo mucho que he investigado sobre el terreno y de lo informado que estoy sobre las circunstancias que imperan en la región.
P. Su protagonista es un hombre que despierta simpatía, por lo menos al comienzo de la novela.
R. Sí, no me interesan las simplificaciones en blanco y negro: por un lado, el criminal depravado de pies a cabeza, y por otro, la víctima inocente. No he querido ponérmelo tan fácil. Lo que me interesa es mostrar el proceso por el que alguien cae en las garras de los fundamentalistas. Y por otra parte, cómo los grupos terroristas buscan potenciales candidatos para preparar atentados, cómo rastrean su entorno, cómo embaucan y seducen a las personas y se aprovechan de sus debilidades. El libro se titula Shalimar el payaso, no Shalimar el asesino a sueldo.
P. En la lucha por Cachemira, las cuestiones nacionalistas desempeñan un papel importante, pero también resultan esenciales los aspectos religiosos. ¿Le asusta pensar en el poder que pueden llegar a cobrar a escala mundial los movimientos religiosos de carácter radical?
R. Los fundamentalistas religiosos de todo signo son el peor de los males de nuestro tiempo. Casi todos mis amigos son ateos, así que no soy una excepción. Si analiza la historia, constatará que la capacidad para distinguir el bien del mal siempre ha precedido a la llegada de cualquier religión. Las religiones fueron ideadas más adelante por el ser humano como un vehículo para expresar ese tipo de ideas. Ahora bien, por lo que a mí respecta, no necesito ningún árbitro supremo y sagrado para vivir como un ser moral.
P. Pero parece que son muchos los que necesitan de la existencia de Dios. Las religiones están experimentando un resurgimiento a escala mundial. El ansia de espiritualidad es más acusado que nunca. ¿Le parece todo esto perjudicial?
R. Sí.
P. Una respuesta clara, pero que a bastante gente le resultará ofensiva.
R. En mi opinión, la palabra espiritual tendría que estar en el Índice y no debería ser utilizada, pongamos, durante 50 años. Es increíble todo lo que hoy se presenta a la gente bajo la rúbrica de espiritual. Incluye cosas como el perrillo faldero espiritual o el champú espiritual.
P. Usted mismo escribió en una ocasión: "Necesitamos dar respuesta a lo que no la tiene. ¿No hay nada más que esta vida? El alma necesita explicaciones, pero no de tipo racional, sino explicaciones dirigidas al corazón".
R. Por supuesto que existen cosas más allá de las necesidades materiales, eso es algo que experimentamos todos. Ahora bien, para mí las respuestas no se encuentran precisamente en el ámbito religioso, en lo sobrenatural. Pero no prescribo a nadie lo que tiene que creer y lo que no. Y tampoco quiero que me lo prescriban a mí.
P. ¿A qué se debe que precisamente el islam, con sus pretensiones absolutistas y su estricta regulación de la vida cotidiana, resulte tan atractivo para muchos jóvenes?
R. No pretenderá ahora que me ponga a explicar los atractivos del islam.
P. ¿Qué compromisos debería o podría asumir Occidente para poner coto al peligro terrorista?
R. Tampoco soy hombre de compromisos. No soy el interlocutor adecuado para tratar ese tema.
P. Pero usted mismo escribió, bajo la impresión producida por los atentados del 11-S, que "resultará inevitable tener que restringir nuestros derechos a fin de proteger mejor a las sociedades libres frente al terrorismo".
R. A lo que me refería en aquel entonces era a controles aéreos más exhaustivos o cosas por el estilo. Restricciones molestas, pero muy claras y concretas. No creía posible que el Gobierno de Bush pudiera emprender el desarrollo de un aparato propio de un Estado autoritario.
P. ¿Existe algo semejante?
R. Por supuesto. Durante los dos últimos años he sido presidente del PEN en Nueva York, es decir, presidente de la asociación de escritores estadounidenses. Una y otra vez nos hemos visto obligados a abordar esos amplios ataques a las libertades ciudadanas. Y la mayoría de las quejas estaban justificadas, porque no ha habido una sola ocasión en que hayamos logrado detectar la correlación existente entre las detenciones y los procesos de vigilancia, por un lado, y la defensa frente al terrorismo, por otro. Y sé perfectamente de lo que hablo: debido a mi propia historia de amenazas, he desarrollado una clara simpatía por las actividades de los servicios secretos. Mis protectores gozan de todo mi respeto.
P. ¿Quiere decir con eso que Bush y Blair están yendo demasiado lejos?
R. Ése es el problema de los políticos que tienden a ser autoritarios por naturaleza: en cuanto les dan la oportunidad, van demasiado lejos. Y entonces nos toca estar alerta. Me deprime enormemente que en estos momentos las políticas angloestadounidense y árabe se justifiquen recíprocamente, y además, por lo que respecta a sus peores prejuicios. Mire lo que ocurre en Irak o en Líbano: no hay ningún bando con pretensiones legítimas. Pero al mismo tiempo necesitamos claridad moral porque últimamente hay algo que echo de menos en muchas personas de ideas liberales, y yo soy un liberal: claridad acerca de lo que es correcto y lo que no lo es, estar dispuestos a defender nuestros valores con palabras inequívocas y a llamar culpables a aquellos que lo son.
P. ¿Qué quiere decir con eso?
R. Siempre me he opuesto radicalmente a las leyes contra la blasfemia creadas para proteger a las religiones de supuestas difamaciones. Me parece completamente razonable que los musulmanes disfruten de libertad de credo, como el resto de los miembros de las sociedades libres. Y también me parece bien que protesten contra la discriminación en el momento y lugar en que se vean expuestos a ella, y no cabe duda de que en los países occidentales se producen frecuentemente reacciones reflejas que desembocan en sospechas precipitadas de carácter antiislámico.
P. ¿Y dónde pone usted el límite a la tolerancia?
R. Por el contrario, me parece completamente inadmisible que los líderes islámicos de nuestros países exijan que se proteja su fe de la crítica, la falta de respeto, la broma y la difamación. La crítica maliciosa y las caricaturas ofensivas también forman parte de la libertad de opinión, del pluralismo, de nuestros valores fundamentales, a los que tendrán que plegarse si pretenden vivir con nosotros.
P. ¿Qué puede aportar usted como escritor, qué puede aportar realmente la literatura a esta idea de tolerancia, pero también de clara delimitación de la intolerancia?
R. No existe ninguna alternativa a la convivencia pacífica entre culturas. Y la literatura debe asumir la tarea de fomentar esa convivencia. Mire, los fundamentalistas creen que nosotros no creemos en nada. De acuerdo con su visión del mundo, están en posesión de certezas absolutas mientras nosotros nos hundimos en la decadencia. Así que la vía que nos permitirá derrotar al terrorismo no es la guerra, sino ser capaces de vivir sin miedo y de forma plenamente consciente. Siempre que se plantee la disyuntiva entre la seguridad absoluta y la libertad, debe salir victoriosa esta última.
P. Después de que en 1989 el ayatolá Jomeini dictara una fatwa contra usted, ha vivido prácticamente toda una década escondido.
R. Pues precisamente era muy de agradecer que la palabra fatwa no hubiera salido a relucir hasta ahora en esta entrevista.
P. Pero llega un momento en que es inevitable mencionarla, por mucho que usted la deteste.
R. Sí, sí, ya lo sé. Es como si hubiera cobrado fama mundial algo que no soy yo. En aquellos años, a veces tenía la impresión de que eran otros los que escribían la historia de mi vida. Pero hace mucho que dejé eso atrás. Ahora llevo una vida libre y normal en mis domicilios de Nueva York y Londres, y viajo a menudo a mi ciudad natal, Bombay.
P. Esas tres ciudades tienen en común el haber superado graves atentados terroristas y el haber demostrado la fortaleza de su estilo de vida libre.
R. Ese punto de vista resulta interesante. A lo mejor es por eso por lo que amo esas ciudades.
P. Aunque en estos momentos ya no esté perseguido oficialmente, los agitadores próximos al presidente Ahmadineyad podrían reactivar la fatwa en cualquier momento.
R. Leo las especulaciones que hacen los periodistas al respecto, pero no les doy la menor importancia.
P. ¿Recuerda todavía la fecha en que se dictó la fatwa? ¿Celebra el aniversario?
R. ¿Cómo podría borrar esa fecha de mi memoria? Es el día de San Valentín. Así por lo menos no olvido regalarle flores a mi mujer.