martes, 16 de septiembre de 2008

Bautismo de la OTAN

Estados Unidos y los miembros de la OTAN coincidieron en la necesidad de atacar a los Serbios, ¿Por qué?
Kosovo es una exigua y pobre provincia yugoslava habitada por dos millones de personas. Si bien posee alguna riqueza en materias primas, no es de interés o extensión territorial que despierte la avaricia de algún país. Su ubicación geográfica carece de relevancia estratégica. Es obvio que la OTAN no perseguía allí objetivos territoriales o económicos.
No puede dejarse de lado la compasión o las motivaciones humanitarias, que duda cabe. Existen otros casos de dominación más sangrientos contra minorías, como la de turcos contra kurdos. O como la que ejerció durante décadas el régimen indonesio contra los timoreses orientales. Podría citar otros casos más caóticos en Africa. En Zaire, la lucha étnica ha dejado muchísimos más huérfanos que en Kosovo. No se trata de un ejercicio sarcástico o pintar un cuadro lleno de atrocidades para justificar la pasividad so pretexto de que se ataque a todos o a ninguno. Siempre será ventajoso que se detengan los abusos por lo menos en algún lugar del planeta. Le pregunta es por qué, de todos ellos, se escogió a Kosovo.
Parte de la respuesta es: porque se encuentra en Europa. En todas las capitales de la OTAN se escuchaban expresiones similares a esta “A una o dos horas de vuelo de aquí, ocurren hechos inaceptables para el mundo civilizado”. Para un occidental, el impacto emocional que le produce ver imágenes de negros hutus asesinando a machetazos a negros tutsis – gracias a la televisión por cable - es menor que el que experimenta al ver a blancos famélicos tras alambres de púas, como se vio en Bosnia y antes que eso en Alemania. Los fantasmas del holocausto de hace medio siglo no se han desvanecido entre los europeos.
También gravitó un factor de interés domestico: el temor a que, si el asunto no se resolvía en su lugar de origen, ocasionaría una inmensa ola migratoria. ¿Adónde irían los 800 mil kosovares que han dejado sus tierras? Si el conflicto se extendiese, las cifras serían cuantiosas. Cientos de miles de ciudadanos de la ex Yugoslavia ya viven asilados a lo largo y ancho de Europa. Italia y Austria, países occidentales fronterizos, han recibido enormes cantidades de refugiados. En los últimos años las solicitudes de asilo habían ascendido a 700 mil anuales.
En medios con aspectos xenófobos como el europeo se describe un cuadro estremecedor: decenas de millones de personas empobrecidas avanzan desde Oriente y Africa, como hormigas hambrientas, en busca de empleos y beneficios de servicios sociales que les permiten vivir como ricos en comparación con sus países de origen, ¿acaso no ocurrió lo mismo con los chilenos que se asilaron?. Es notorio el rechazo que han provocado las andanadas migratorias. Cada día se sabe de nuevos incidentes raciales en algún punto de Europa. Jóvenes árabes combaten con la policía en barrios periféricos de París. “Obreros invitados” – los gastarbeiter turcos – son asesinados en Alemania. Países con una tradición de tolerancia como España, Inglaterra o Italia hacen noticia por ataques contra minorías étnicas. La xenofobia, además, se convierte en un capital político, en nuestro caso el gobierno da indulto a los indocumentados sin residencia procedentes de Perú.
La extrema derecha austríaca, que reivindica aspectos del nazismo, obtiene a finales de 1999 un 27 % de la votación nacional y consigue formar gobierno en la alianza con sectores conservadores. Surge un fenómeno bautizado como “fascismo alpino”; en el norte de Italia, con la Liga del Norte, en Austria, en especial en la sureña provincia de Carintia; en Suiza, en el sudeste de Francia, emergen fuerzas derechistas que reclaman mayor autonomía y rechazan a los inmigrantes.
Existe asimismo una importante corriente política entre los líderes europeos, en especial los círculos conservadores, que sostiene que se ha favorecido demasiado a Israel en desmedro de los países árabes.
A los israelíes se les ha permitido muchas libertades en la interpretación de los acuerdos internacionales; en cambio, los árabes son enfrentados con severidad. Ello ha contribuido a una pérdida de confianza en las políticas europeas. De allí la necesidad de multiplicar los gestos amistosos hacia el mundo islámico.
Esta habría sido una de las razones que había movido a los países de la OTAN a respaldar con fuerza a los musulmanes bosnios y a los kosovares, que en un 90 % profesan el Islam. En Sarajevo, el general ® Jacques Paul Klein, segundo hombre del Alto Representante de la Administración Internacional y una suerte de procónsul del protectorado, dijo: “Era necesario hacer algo, si no queremos que los camellos terminen bebiendo en el Rhin”. Esto significa que era preferible mantener la amistad de musulmanes moderados en lo religioso, como los bosnios y kosovares, antes de permitir una cabeza de playa en Europa para versiones islámicas integristas. Klein consolidó la idea al explicitar que “No podemos permitirnos una Franja de Gaza en Europa”. (En la época del Mariscal Tito, quién gobernó Yugoslavia desde los años 40 hasta 1980, circulaba la broma de que el mariscal reprimió la religión cristiana ortodoxa y la católica romana, pero dejó que los musulmanes construyeran sus mezquitas siempre que se denominaran ateos).
En el ataque contra Belgrado, podían adivinarse asimismo los ecos de una Guerra Fría no tan distante. Milosevic es un comunista de viejo cuño que despierta odiosidad y provoca reflejos de una lucha que en la mente de algunos gobernantes no ha concluido del todo, llámese Fidel Castro, Hugo Chávez o Evo Morales en América Latina. Para avivar la memoria, o más bien las analogías, el régimen de Belgrado fue bautizado de “nacional comunista” por la prensa occidental.
Washington tenía una postura clara frente a los regímenes comunistas que habían sobrevivido a la caída del Muro de Berlín. La manifestó en la National Security Directive 133 (NSD), titulada “Política de Estados Unidos hacia Yugoslavia”, en la que se instruye sobre la necesidad de “ampliar los esfuerzos para promover una revolución tranquila que deponga a gobierno y partido comunista e integre a los países de Europa del Este a la economía de mercado”.
Otra corriente partidaria del ataque a Belgrado advertía sobre los peligros de validar el principio de que “cada etnia tiene derecho a su Estado”. Europa, desde las Islas Británicas hasta los Montes Urales, alberga decenas de grupos étnicos con diversos grados de reivindicasiones y asertividad. Es una caja de Pandora que ningún Estado desea abrir.
El horror del desmembramiento de Yugoslavia no hizo más que reforzar los instintos que buscan congelar el sentimiento independentista. La perspectiva de serbios y kosovares enfrentados por años, casi con la seguridad de que desbordaría hacia Macedonia, Montenegro y Albania, constituían una pesadilla. Otra escuela de pensamiento estimaba, como el teórico alemán Federico Engels, que “el combate es a la guerra lo que el dinero líquido es al comercio”. Es decir, algo indispensable. Las organizaciones requieren de un enemigo para justificar su existencia. El fin de la Guerra Fría trajo consigo los dividendos de la paz, que se concretaron en importantes recortes de los presupuestos bélicos. Sin amenazas no hay gran futuro para una alianza militar. Y, frente a un futuro de “ominosa” paz, la OTAN bien podría haber asumido el papel de bombero pirómano. Es lo que postula el francés Philippe Delmas en su estimulante libro El brillante porvenir de la guerra: “Cada acontecimiento internacional mayor replantea la cuestión del posible rol de la OTAN; bloqueo de las costas yugoslavas, intervención en Bosnia, amenaza del SUR; todo vale. Un elemento de desesperación semejante al de un animal sediento en busca de agua, participa en esta búsqueda de un papel para la organización”.
Finalmente, no debe subestimarse el cansancio occidental con el personaje de Milosevic. Maestro del póquer, el serbio logró “blufear” en repetidas oportunidades. En cada una de la sucesivas crisis en Croacia, y luego en Bosnia Herzegovina, mostró una mano ágil, siempre abierto al dialogo y a las concesiones, supo sacar el mejor partido a las vacilaciones de sus adversarios. Llevó los conflictos a situaciones límites que precipitaron a Occidente de ultimatún en ultimátum, hasta que las amenazas comenzaron a sonar huecas, y nunca dejó de ser interlocutor privilegiado de sus adversarios internacionales. Pero tanto fue el cántaro al agua que por fin se rompe, varios diplomáticos dijeron que Milosevic había colmado su paciencia. Lo está aconteciendo en nuestra región me refiero a Hugo Chavez de Venezuela con sus salidas de madre, incluso en una cumbre de gobernantes Iberoamericanos desarrollada en Chile.

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